(La Vanguardia · Rosa Matas “Me levanto a las cinco de la mañana. Si no tengo trabajo, empiezo a hacer la salat (la oración islámica), voy a la cocina, como un poco, me vuelvo a dormir una hora y luego voy al barrio a ver si puedo trabajar”. Habla Fatilou, un senegalés de 28 años sin permiso de trabajo y se refiere al Barri Antic de Lleida. La hora buena para que algún agricultor ofrezca trabajo es alrededor de las 7.30. Lo contaba el viernes en la parroquia Sant Ignasi de Loiola, donde iba a pasar la noche. Lleva unos días sin trabajar después de recoger cerezas en La Granja d’Escarp. Ayer podaba almendros en otro pueblo.
Fatilou sabe que este año las heladas primaverales han reducido la cosecha de fruta de albaricoque, melocotón y nectarina y que por eso hay menos temporeros buscando trabajo. Él lo ha intentado y ha encontrado un sitio donde dormir en la parroquia Sant Ignasi de Loiola. Abrió sus puertas el día 19, casi medio mes antes que Ayuntamiento ponga en marcha su dispositivo, el pabellón de Fira de Lleida que abre mañana para 120 personas.
Por tercer año consecutivo, se le ha adelantado el voluntariado de Sant Ignasi, Càritas Diocesana de Lleida, Cruz Roja, la Fundació Jericó y la Plataforma Fruita amb Justícia Social.
El director de Càritas Diocesana de Lleida Rafael Allepuz y la secretaria general, Maria José Rosell, aseguran que hace mucho tiempo que se sabe que personas inmigrantes que buscan trabajo en la campaña de al fruta llegan antes del 1 de junio.
“Es el tercer año que abrimos un espacio, esperamos a ver si la administración decide hacerlo antes pero no pasa”, afirma Rosell y Allepuz agrega: “no se si ya cuentan con que quince días antes abramos nosotros para mantener su calendario”.
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