(Mercedaris · fra J. Millán · 21/12/23) Amb immensa alegria rebem l’Ordenació Diaconal de Fra Diego Pepió Orantes en el nostre meravellós i històric Santuari de Sant Ramón Nonato, Lleida
Gran efemèride. El mai vist en els set-cents anys d’aquest històric Santuari: L’ordenació diaconal de fra Diego Ignacio Jorge Enrique Pepió Orantes.
Sublim cerimònia des del moment, 12’30, que anuncia Nikka Ángela Tabión: «Benvolguts germans i germanes, sigueu benvinguts per a acompanyar a fra Diego Ignacio Jorge Enrique en la seva ordenació diaconal per la imposició de les mans i la pregària de monsenyor Francisco Conesa Ferrer. Mentre el cor alegrat de vint-i-cinc nens, dirigit per la germana Cristine Caliguiran, canta: Anem cap a tu, Senyor Jesús, seduïts pel teu amor…».
Anem cap a l’altar del Senyor, seguint els perfums de l’encens i l’ensenya de la santa Creu; els seminaristes de la diòcesi Jacob i Rui; els novicis Juvencio Hotti Chun, Manuel Foliano Debrassono, Guillermo Salvador Díaz Reyna, Pedro Antonio Ixmatul Najera, José Eduardo García Mejía, Natercio Eugenio Chachuaio i Pedro Joao Valoi; els diaques Josep Montoya, Aureli Ortín i Luis Cañadilla; els sacerdots Xavier Rodríguez, Marc Maià, Iñaki Marró, Martín Hinojosa, Abel Trulls, Marcos Aceituno i Bernardo Weimberg; els religiosos José Juan Galve Ardit, Domingo Lorenzo, Jesús Roy, Jhoeiner Ballesteros, Alveu Jacinto, Jesús Bel, Francisco Bernardo, Paco Sanz, José Navarro, César Blanco, Juan Lorenzo, Rubén Darío, Alejandro Tribiño, Francisco Marín, Joaquín Millán i Luis Mejía.
La monitora anirà marcant els ritmes a seguir: El pare Francisco crida a fra Diego. El pare José Juan dóna fe de la seva idoneïtat. El bisbe Francesc ratifica: Escollim a aquest germà el nostre per a l’Orde dels diaques, i ens delecta amb una bella i profunda reflexió:
«Querido Diego: Lo has meditado y discernido, ahora recibes el gran regalo del Señor, que él te otorga por medio de la Iglesia. Cristo, que se ha fijado en ti, te dará la fuerza necesaria y la sabiduría precisa para que puedas serle fiel. Tú y todos nosotros entonamos un canto de alabanza y gratitud a Dios por toda su misericordia y su amor, a la par que nos adherimos en la plegaria para que mantengas tu disponibilidad en el seguimiento del Señor. Quedarás consagrado, vinculado para siempre a Cristo, siervo de Dios y de todos los hombres, y así toda tu vida sólo puede estar movida por un deseo: servir. Servir siempre y servir a todos, lo que conlleva renunciar a comodidades y egoísmos. La espiritualidad de la orden de la Merced te ayudará a buscar a Cristo en los últimos y ponerte en disposición de ayudar a quien padece cualquier tipo de cautividad. Al clausurar la Asamblea del Sínodo decía el Papa: Es ésta, hermanos y hermanas, la Iglesia que estamos llamados a soñar: una Iglesia servidora de todos, servidora de los últimos. Un aspecto muy importante de tu ministerio es la oración. Es ella la que sustentará tu entrega a Cristo y a los hermanos. Sólo si estás curtido en la oración, podrás ser buen servidor de tus hermanos y les harás llegar el gozo que inunda tu alma. Te entregaré el Evangelio, diciéndote: «convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado». Así debe ser tu relación con la Palabra de Dios: de escucha orante y acogida cordial para edificación del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Somos un pueblo enriquecido con diversidad de ministerios y carismas; es sumamente importante que no te sitúes nunca por encima del santo pueblo de Dios, sino que comprendas tu vida y ministerio al lado de ese pueblo, inserto en su vida, en sus dificultades y esperanzas. En la oración de consagración pediremos al Señor que el ejemplo de tu vida suscite la imitación del pueblo santo. Que san Ramón y todos los santos de la orden mercedaria acompañen tu vida y ministerio. Que la Virgen de la Merced sea tu Maestra en el servicio a los más vulnerables, tu compañera y tu guía hasta el día en que Cristo retorne lleno de esplendor y gloria».








