(D. de Tarragona · 21/04/24) Ayer en Girona, Octavi Vila, tarraconense, ex alumno del colegio La Salle, que había hecho la primera comunión en la ermita de Sant Magí y que hasta hace unas semanas era Abad de Poblet, (no sé si se puede ser más tarragoní) tomo posesión del obispado de Girona.
La magnifica catedral de la ciudad del Ter, con su escalinata imponente y su extraordinario “Tapís de la de creació” se puso de largo para un ceremonial antiguo: la entrada de un obispo en cualquiera de sus sedes es algo que nos recuerda la importancia de un poder -el eclesiástico- que a pesar de sus crisis y sus descarrilamientos, está muy presente en nuestra sociedad.








