La memoria de los difuntos, el cuidado de las tumbas y las plegarias son testigo de esperanza llena de confianza, que se fundamenta en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre el destino humano, puesto que las personas estamos destinadas a una vida sin límites, que tiene sus raíces y su cumplimiento en Dios.
El presidente de la URC, fray Eduard Rey, nos recuerda hoy: «El libro del Apocalipsis nos presenta el cielo como una ciudad, una ciudad luminosa porque Dios la llena de claridad y de gloria. Sintiéndonos ya con un pie en aquella ciudad, pasamos hoy por nuestras calles recordando a quienes las pisaron antes que nosotros, especialmente a los que hemos conocido y querido, y sintiéndonos unidos a ellos.»
A Dios dirigimos nuestra plegaria.








