(OFM · 28/02/24) Mientras la Iglesia recorre los arenales del desierto cuaresmal, con la cabeza encenizada y el corazón contrito en busca de la luz pascual, los frailes de la Provincia de la Inmaculada Concepción (OFM Franciscanos) vamos cumpliendo con la programación de los encuentros de zona. La del noreste de España, que agrupa las fraternidades de Barcelona, Roma, Sabadell, Teruel y Zaragoza, se propuso una cita en Sabadell (Barcelona), la industriosa ciudad catalana adonde llegaron los frailes el 30 de abril de 1949 y en donde regentamos un colegio (E. Infantil, E. Primaria y E. Secundaria) y parroquia, erigida el 8 de febrero de 1964, cuyas instalaciones han ido trasladándose y mejorando con el correr del tiempo. La fraternidad, el colegio y la parroquia tienen por titular a sant Francesc d’Assís.
Después de anunciar la trobada para el lunes 26 de febrero, fue reduciéndose, por causas diversas, el número de participantes: ya que no es fácil salvar las distancias y sacudir las agendas, aunque ya sabemos lo que se pierde. El que esto suscribe, definidor de zona, partió de Puerta de Atocha la tarde del domingo para visitar a los hermanos de Sant Antoni en la calle Santaló, cenar con ellos y alojarse en el convento barcelonés.
De allí salimos cuatro hermanos camino de Sabadell, pues nos aguardaban con verdadero afecto los otros cuatro, hasta completar el número de ocho; cifra sacra, como se sabe, al que se sumó un precioso perro cobrador de raza golden retriever y nombre Assisi. Una estrella del colegio y la casa.
Tras los saludos cordialísimos, iniciamos la reunión con una breve oración inspirada en la Impresión de las Llagas de San Francisco, cuyo VIII Centenario estamos celebrando, para saborear su honda significación y dones espirituales. Seguidamente, nos sinceramos sobre el actual estado personal y fraterno; entrados ya en harina, pusimos sobre la mesa aquello que, previamente, se había estudiado en los capítulos locales de las tres fraternidades presentes. Durante largo tiempo opinamos, intercambiamos y debatimos sobre los puntos que el Equipo de Formación Permanente nos propuso para el mes de febrero y pergeñamos varias conclusiones pese a la diversidad de criterios. Los hermanos anfitriones brindaron al resto sus conclusiones, impresas y escritas en los dos idiomas, pues el uso del catalán —un vaso de agua clara, según el gaditano Pemán— fluye y borbotea con libertad en estas reuniones fraternas.
Antes de compartir la comida, exquisitamente dispuesta por la cocinera de la fraternidad y regada con cava de la tierra, fray Carlos Fuentes Gómez, guardián, nos llevó en visita guiada a las dependencias del colegio, que él mismo dirige. Un centro luminoso y limpio, de alumnado internacional (principalmente de la América hispánica emigrante), muy bien organizado, de amplios patios de recreo y huerto urbano. Del colegio pasamos a la iglesia parroquial en compañía de su actual rector, fra Agustì Boadas i Llavat, filósofo y músico, quien esa misma tarde presentaba en la editorial Claret de Barcelona su último libro, dedicado a San Francisco. El templo es sencillo y diáfano, como la casa de los frailes, que también visitamos antes de concluir el encuentro.
Mientras volvía a Madrid ya anocheciendo, me invadió la misma sensación de encuentros anteriores: somos pocos, nos cuesta reunirnos para estos asuntos familiares, pero, después de vernos y escucharnos, caes en la cuenta de lo grata que es la cortesía y la vida común.








