La Hermana Josefina vive en NAVARCLES, junto con 20 hermanas más formando la comunidad de Dominicas de la Anunciata.
Cuando acontecieron los hechos del martirio de su padre la Hna. Josefina tenía 7 años, era la segunda hija y recuerda muy bien todo el que pasó, en su casa, aquel día. Ella lo presenció todo y guarda el grato recuerdo de la firmeza de su padre despidiéndose de su esposa y besando a la más pequeña de sus hijas, que entonces tenía 8 meses, recalcando a todo el mundo que perdonaran y que se reencontrarían en el cielo.
El Dr. Marià, en el mes de mayo del 1936, viendo como iban las cosas dijo a su esposa que era conveniente que Josefina hiciera la primera comunión, porque después ya no podría hacerla. Este acontecimiento fue la última celebración familiar que vivió el Beato Marià. Y él mismo le hizo un pequeño poema que dice:
“Qué mañana de primavera y qué día más feliz,
la Comunión primera me llena de encanto.
La Comunión última, que la pueda hacer en el Paraíso”
Una vez muerto su padre, tuvo que vivir la separación, por pocos años, de las hermanas, las dos mayores fueron a Sta. Coloma con los tíos y las dos pequeñas se quedaron en la Arbeca con la madre, la bisabuela y el abuelo que las cuidaron. Los recuerdos más entrañables de su padre, son que era una buena persona, padre atento, muy buen médico, un excelente cristiano y de una entrega sin medida a todas las personas que lo necesitaban.
Recuerda que, alrededor de la chimenea en los atardeceres, el padre, cada día, dirigía el rezo del santo rosario y al acabar leía un capítulo del libro de San Alfonso Mª de Liguori sobre “Preparación para la muerte”. Al acabar, tenían la costumbre de hacer “la amistad” a los padres (gesto de besar la mano) e iban a dormir.
La hermana Josefina explica que sigue leyendo, cada día, un capítulo del mismo libro, costumbre que las cuatro hermanas han mantenido hasta ahora. Cada una de ellas tiene un ejemplar de este libro, como el del padre, para poder seguir el ejemplo. Este libro ella lo guarda como un gran tesoro. Es un testigo y un ejemplo de vida.
También recuerda que su padre, tuvo mucho cuidado de las hermanas Dominicas que residían en Arbeca en aquellos momentos de peligro, buscando todos los medios para protegerlas.
Su vocación como Dominica de la Anunciata le viene de parte de la hermana de la madre, su tia Hna. Montserrat Sans que era dominica. También porque vivió unos años interna con las dominicas en el colegio de la calle Elisabets de Barcelona. A pesar de que tenía otras tías religiosas, ella se decantó por las dominicas del P Coll.
Cuando manifestó que quería ser religiosa, su madre le puso una condición. Tenía de esperar que su hermana mayor la M. Dolors se casase y volviera del viaje de boda. Ella lo acepta y una vez cumplido, ingresa en el convento, marchando de casa.
Ha trabajado mucho por la causa de su padre. Ha colaborado junto con Mn Jaume Ciurana, hijo de Arbeca y compañero de su padre, y primer impulsor del proceso de beatificación, comunicando mediante unas Hojas los hechos de la vida y martirio de su padre. Cuando el estado de la Hna. Josefina ya no le ha permitido hacerlo, sus sobrinos le han cogido el relevo, hasta llegar a lograr el fin deseado.
En medio de tantas alegrías, ha vivido también el luto de la muerte de su hermana mayor M. Dolors, justo 9 días antes de la Beatificación. Las 4 hermanas siempre han estado muy unidas, por eso han sentido más esta pérdida.
Ahora las tres que quedan vivieron en la catedral de Tarragona la gran fiesta de la Beatificación de su padre.








