Os escribo estas líneas pocos días después de haber aceptado en nuestra última asamblea ser presidente la URC. Agradezco la confianza que habéis depositado en mí y me pongo a vuestra disposición. Soy fray Eduard Rey, actualmente ministro provincial de los capuchinos de Cataluña y Baleares. Tengo 41 años y pronto hará 21 de mi primera profesión. Hasta mi elección como ministro provincial en julio de 2017, toda mi vida religiosa había acontecido en el convento de Arenys de Mar, primero como novicio y estudiante, y después, a partir de 2005, como formador. Todo este tiempo como vice-maestro o maestro de novicios según la temporada, ha hecho que me haya orientado mucho más hacia mirar de conocer la vida religiosa en su profundidad que en su extensión y pluralidad de formas y carismas. Dios me regala, pues, ahora, un tiempo para conocer más a fondo esta otra dimensión, casi nueva para mí.
He sido elegido en tiempo de Cuaresma, y creo que no es un mal símbolo de lo que estamos viviendo en estos momentos, un tiempo de purificación, en que emergen del pasado, a veces próximo pero a veces casi remoto, sombras y dificultades que se proyectan sobre nosotros ahora con toda la fuerza amplificadora de los medios de comunicación. Es momento de volver a sentir la voz del Señor: «El Reino de Dios es cerca. Convertíos». No lo decía a personas que tuvieran un pasado ni un presente inmaculado. Pero aun así fueron capaces de traer este mensaje de la proximidad renovadora de Dios hasta el extremo de la tierra después de su resurrección.
Una vez más, somos llamados a no buscar en nuestras estructuras o en nuestro reconocimiento una «zona de comfort», sino a recordar que, por los votos que profesamos, hemos sido llamados a ser signos de esta proximidad de Dios, a vivir una vida que no se pueda entender sin Él. Nuestros fundadores nos han hablado de no anteponer nada al amor de Cristo (Regla de san Benito 4,21), vivir en obsequio de Jesucristo (Regla del Carmelo 2), alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor (Ejercicios de san Ignacio 23,2), por poner sólo algunos ejemplos. Yo siento con mucha fuerza que, a pesar de las dificultades, si sabemos ser testigos que Dios es real, la vida religiosa tiene un futuro, reducirse no es lo mismo que desaparecer y la Iglesia no está completa sin nosotros. A Dios pido que me conceda su Espíritu para esparcir esperanza desde este nuevo cargo. Encomendadme vosotros también. De todo corazón,
fray Eduard Rey








