(LV · Paloma Arenós · 26/07/26) El santuario de Puiggraciós, en el Vallès Oriental, un espacio de plegaria y fraternidad en los Cingles del Bertí, se ha quedado más en silencio que nunca. A mediados de julio, las últimas monjas benedictinas que han cuidado, ininterrumpidamente, esta comunidad espiritual desde 1973 han regresado al monasterio de Sant Pere de les Puel·les, en Sarrià, su epicentro barcelonés. ¿Los motivos? El envejecimiento natural de las trece hermanas –entre 65 y 102 años–, la falta de relevo generacional y la dificultad de mantener el ritmo de tantas actividades –con hospedería incluida– de ambos edificios.








