(AF · Jordi Pacheco · 17/10/23) El sacerdote jesuita Jaume Flaquer vive estos días de horror en Tierra Santa con la misma angustia que vivió los atentados del 11 de septiembre de 2001 en los EE.UU.. “Los acontecimientos que intuyes que pueden cambiar la historia humana provocan aquella ansiedad que te hace ver una y otra vez las mismas imágenes y seguir las noticias de manera compulsiva”, asegura a Flama desde Granada, donde es profesor en la Facultad de Teología y director de la Cátedra Andaluza para el diálogo de Religiones. Desolado por las proclamas de odio de cada uno de los bandos enfrentados en la Franja de Gaza, donde las víctimas civiles se cuentan por miles desde los ataques de Hamás del pasado 7 de octubre, el jesuita catalán no esconde “el sentimiento de impotencia al ver los comentarios incendiarios en las redes” de amigos y conocidos suyos judíos y árabes, que viven, desde hace ya demasiados décadas, inmersos en una batalla fratricida que parece no tener fin.
¿Cuál es el sentido profundo que mueve a los cristianos a esta jornada de plegaria, ayuno y abstinencia convocada por el patriarca de Jerusalén para hoy?
El ayuno nos sitúa cerca de las víctimas, de los que viven en la escasez, de los palestinos que lo perderán todo como víctimas “colaterales”, de quienes casi no comerán y vivirán un problema humanitario de alta intensidad. Y por supuesto, cerca de los asesinados a manos de los terroristas de Hamás y la Yihad Islámica.
Pero el ayuno también tiene sentido de penitencia, y nos recuerda nuestra corresponsabilidad en la violencia de nuestro mundo. Por eso invocamos a Dios. Cómo dice en Mc 9,29, “esta clase de espíritus no puede salir sino por medio de oración”.








