(URC · 25/09/26) Elena María Azofra Villa, religiosa de la Pureza de María desde hace 46 años, asume este curso la responsabilidad del área de formación de la Unión de Religiosos de Cataluña (URC), tomando el relevo del hermano marista Lluís Agustí. Madrileña de nacimiento, pero crecida y formada en Barcelona, ha dedicado buena parte de su vida a tareas educativas, pastorales y de promoción social en España, Colombia, Venezuela y Nicaragua.
Desde septiembre de 2025 vive en la comunidad del colegio de la congregación en la zona de Sant Joan, en Sant Cugat del Vallès. El pasado mes de junio recibió la propuesta de asumir la formación inicial y permanente de la URC y este curso 2026-2027 inicia esta nueva etapa. Hablamos con ella sobre la importancia de la formación en la vida consagrada, los retos que plantea la sociedad actual y las prioridades de los próximos meses.
Después de muchos años dedicada a la educación, la pastoral y la promoción social en contextos muy diferentes, ¿qué te llevas de esta experiencia para afrontar esta nueva etapa?
He tenido la bendición del Señor de haber podido dedicar la mayor parte de mi vida a tareas educativas, pastorales y de promoción social en España, Colombia, Venezuela y Nicaragua. Todo ello me ha enriquecido con la amistad de un amplio grupo de hermanas de la propia congregación, pero también de hermanas y hermanos de otras instituciones y de laicos colaboradores en la misión de evangelizar a través de la educación. Algunos de ellos, personas muy pobres y vulnerables, pero no por ello menos comprometidas con Jesús.
¿Qué implica, concretamente, asumir la responsabilidad de formación de la URC?
La formación inicial se concreta en la coordinación del Internoviciado, que consiste en un curso de un día semanal durante seis trimestres, en el que se ofrecen contenidos básicos de materias relacionadas con la teología del Misterio, de la Iglesia y de la vida religiosa. En cuanto a la formación permanente, la responsabilidad consiste en garantizar tres charlas o conferencias sobre temas de actualidad para la vida consagrada, tres retiros espirituales durante los tiempos fuertes del año litúrgico y los ejercicios espirituales en Montserrat durante los meses de julio y agosto.
He podido iniciar el curso con una agenda formativa bien organizada y estructurada gracias también a las orientaciones y los consejos de Lluís Agustí, hermano marista que me ha cedido el testigo, y de los miembros de la Junta Directiva de la URC.
A menudo asociamos la formación a la adquisición de conocimientos. ¿Qué significa formarse en el contexto de la vida consagrada?
La formación es un elemento clave y transformador tanto en el camino vocacional de las personas como en el desarrollo y la vitalidad de las comunidades. Formarse no es solo un proceso de acumulación de conocimientos académicos o técnicos, aunque sean necesarios para poder llevar a cabo la misión propia del carisma de cada instituto. Es, sobre todo, un camino de crecimiento integral que responde a la necesidad de los religiosos y religiosas de prepararse para el servicio a la sociedad desde su carisma congregacional.
Lo importante de la formación no es el quién, sino el para quién. Necesitamos formarnos para nosotros mismos, pero sobre todo para aquellos a quienes serviremos con nuestra misión.
¿Y para qué debe prepararse hoy un religioso o una religiosa?
Necesitamos formarnos para ser personas eficaces y eficientes en el encuentro con el mundo; para la transmisión de la Buena Nueva de Jesús; para la acción catequética o pastoral; para la educación en escuelas o universidades; para el cuidado y acompañamiento de personas en situación de fragilidad por diversas circunstancias, y para cualquier otra misión.
Son misiones diversas, pero todas tienen en común la necesidad de «samaritanizar»: ser profetas y agentes de humanidad, con discernimiento, madurez, amor y las herramientas necesarias para responder a un mundo cambiante y real.
¿Cuáles son hoy los principales retos formativos de la vida consagrada?
Creo que podemos hablar de dos grandes retos para este curso y, probablemente, también para los próximos años. El primero es ayudar a la comunidad formada por los religiosos y religiosas de Cataluña a comprender mejor la sociedad de hoy y el papel de la vida consagrada en medio de esta sociedad: la diversidad, los cambios sociales, tecnológicos y eclesiales, los nuevos aspectos teológicos o la aplicación de los estudios en beneficio de las personas y de la fecundidad de la misión, entre otros.
El segundo es incluirnos en las acciones de la sociedad en las que la vida consagrada pueda ser fermento en medio de la masa, dar respuestas significativas y no quedarnos aislados.
En este contexto, ¿qué oportunidad puede representar la formación?
La oportunidad es aprovechar la formación para unir el crecimiento personal con el bien común y convertirla en el motor que nos permita pasar de la buena intención al impacto real en la vida de las personas y de los entornos en los que convivimos.
¿Con qué prioridades afrontas este curso 2026-2027?
No me planteo muchos propósitos ni estrategias. Por mi parte, un propósito: realizar esta tarea con sensatez y humildad.
En cuanto a las líneas de trabajo, destacaría dos. La primera es mantener «la bondad» del servicio educativo y formativo tanto del Internoviciado como de la formación permanente. La segunda es el fortalecimiento del tejido comunitario. La formación y la oración compartida crean espacios de diálogo, de apertura a Dios, de cohesión y de visión conjunta. Cuando los miembros se forman juntos y rezan unidos, fortalecen sus vínculos y su sentido de pertenencia.
¿Y de cara a 2027 ya planteáis alguna nueva propuesta?
Nos gustaría poder celebrar una jornada de autoformación mediante un Foro de Buenas Prácticas, especialmente en el ámbito de la pastoral del voluntariado y la cooperación y de la animación vocacional.
Personalmente, ¿cómo vives la responsabilidad que te ha confiado la URC?
Creo que me han confiado una gran responsabilidad. Por un lado, coordinar los inicios de los nuevos y futuros religiosos, ofreciéndoles herramientas para el estudio teológico y bíblico, la reflexión compartida, la valoración de la diversidad de carismas y misiones y otras habilidades intelectuales que puedan garantizar la continuidad y la frescura de los proyectos de sus instituciones.
Por otro, coordinar la formación permanente y algunos espacios de reflexión y oración de las comunidades. Es una tarea que técnicamente no me resulta difícil porque tengo experiencia en ella, pero que sí me exige mantener un nivel alto por la altísima estima y valoración que tengo de la vida y la acción apostólica de los religiosos y religiosas de Cataluña.
Lo agradezco muchísimo a la URC y espero que todos encomienden esta tarea, y también a mí, en sus oraciones comunitarias.








