(Hna. Dayana Carrillo)
“Nuestra vida tiene sentido, tiene futuro, porque en el centro Dios es quien llama”
A nivel general, considero que se ha logrado gran parte del objetivo de este Congreso de Vocaciones, es decir, pasar de pensar en consagrados y sacerdotes a la hora de hablar de “vocación”, a tener en cuenta todas las llamadas posibles por las que Dios nos convoca para hacer crecer su Reino en medio del mundo, es decir, de hablar de una “cultura vocacional”.
Me ha parecido interesante que, para poder llegar a este planteamiento, se hablase desde lo principal, desde la identidad de la Iglesia, y como Iglesia que somos estamos llamados a involucrarnos activamente en esta labor, con un toque realista: “hemos de curar la fractura [que hay] entre fe y vida cotidiana”, punto muy acertado puesto que muchas veces limitamos, nosotros mismos, la fe a una parroquia, a un grupo, a una doctrina, pero la fe está buscando romper límites, llegar a nuevos horizontes, camino en el que no estamos en “cero”, Jesús ya nos dio el primer paso: el encuentro, porque después de todo, la vocación es un llamado a estar con Jesús y ser enviados (Mc 3, 13-14). Un encuentro con el Amor, el Amor que es difusivo por sí mismo, no se puede reservar, no se puede guardar, por una parte, no lleva primero a salir de nosotros mismos y luego a salir con los demás. En otras palabras, quienes hemos tenido un encuentro con Dios no podemos dejar de contar lo que hace Dios en nuestra vida, en nuestros apostolados, en nuestras obras parroquiales, en la vida cotidiana; pero también a esos rincones dónde no llegamos en persona, podemos ahora llegar a través de una imagen, un post, un vídeo, porque sí, el continente digital existe, es real, porque lo que hay detrás de las pantallas son personas, mayores y jóvenes.
Ahora, al volver a nuestras realidades, hemos de luchar porque todo lo vivido en el Congreso no se quede en sueños, sino que podamos pasar de los sueños a los retos, a la acción de la urgencia vocacional y misionera, ¿por qué urgencia?, porque nos debilitamos. El congreso ha sido un impulso, una invitación y un llamado a no tener miedo de anunciar a Cristo con toda verdad y autenticidad, “Al joven si se le pide poco, no da nada, si se le pide mucho, lo da TODO” (Timon David), sólo con la verdad y la coherencia en el testimonio podremos transmitir lo esencial del Evangelio: la Presencia de Jesús, sólo con la confianza en Dios podremos anunciar que Dios sueña, para cada joven, para cada uno de nosotros, para ti, un camino de plenitud.








