«El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto» (Jn. 15,5)
(Evangelio del 5º domingo de Pascua, año B)
P. Pere Fradera (1941- 2011) | Pregàries d’estar per casa (2017)
¿Qué tipo de corriente eléctrica y espiritual unía la otra noche a todo aquel gentío que nos habíamos reunido en Montserrat para celebrar la Vela a Sta. María?
Hombres, mujeres, chicos y chicas de todas edades, venidos de toda Cataluña, pertenecientes a estamentos muy diversos, nos sentíamos muy unidos, gozosos de encontrarnos apretados dentro de la nave de la basílica.
La mayoría no nos conocíamos. No nos habíamos visto nunca y, seguramente, no volveremos a vernos más. Es igual. Bien poco nos importaba esto. Lo que nos importaba en aquellos momentos era experimentar que, a pesar de la diversidad, hay unos vínculos muy profundos que nos unen: una fe-esperanza en Cristo y un amor a nuestra tierra.
Acabada la celebración, volvimos a esparcirnos, cada uno a su nido. Pero yo sé que, desde el Pirineo al Ebro, desde la Costa a las Tierras de Poniente, hay muchas personas, mayores y jóvenes, con las cuales estoy unido por esta corriente misteriosa que nos viene de Cristo y que, con empujones y trabajos, cada cual en su lugar, vamos dando fruto.
Quizás es ésta, Señor, la experiencia que hoy necesitamos. En medio de un mundo que nos empuje al individualismo, a cerrarnos en casa olvidando a los otros, a desentendernos de los que tenemos al lado, es reconfortante la experiencia de sentirnos estrechamente unidos, formando un pueblo, tu pueblo.
Haz que sepamos, después, traducir esta experiencia en frutos de solidaridad, servicio, justicia, amor y paz hacia los que tenemos cada día a nuestro lado.
Expurga nuestro egoísmo, límpianos de la pereza y el miedo, haz que nuestra vida no sea estéril, sino que dé aquel fruto que hoy el mundo necesita y reclama de los que llevamos tu nombre.








