(Catalunya Religió · Jordi Vilarodà · 19/10/21) Emma, Adelaida, Ranlo, Fredeburga y Ingilberga. Cinco mujeres que en los siglos IX y X rigieron el destino de uno de los primeros monasterios benedictinos de Cataluña, son recordadas en el mural cerámico que este sábado se ha inaugurado en el pueblo que todavía preserva el recuerdo en su nombre: Sant Joan de les Abadesses. La realización de este mural es la culminación de un proceso que empezó en octubre de 2017, el año en que se cumplían mil años de la extinción del monasterio, con una jornada de estudios sobre el cenobio, sobre el monacato femenino en la Edad Mediana y, en general, sobre el papel de la mujer en esta época. La jornada ha contado con la participación de destacados especialistas, y las conclusiones se han publicado posteriormente en un libro.
Del contacto entre el Ayuntamiento y la Federación Catalana de Monjas Benedictinas surgió la idea de perpetuar el recuerdo de las monjas en San Juan de una manera pública y al alcance de todo el mundo a través del mural, que se ha situado en un lugar histórico significativo: una de las fachadas del Palacio de la Abadía, en la calle del obispo Soler, muy cerca del monasterio y ante los restos de la capilla de San Miguel, la antigua enfermería del monasterio. La realización ha estado a cargo del taller de cerámica de San Benet de Montserrat, con el diseño de la hermana Maria Regina Goberna. La pandemia ha atrasado la inauguración hasta ahora.
Ella misma ha sido la encargada de explicar el mural ante los asistentes. Las figuras de las cinco abadesas aparecen, cada una con un lema que identifica su gobierno escrito en el nudo del báculo: “Abbà Madre” para Emma, “Escucha hija” para Adelaida, “Yo soy el Buen Pastor” para Ranlo, “Siempre a punto de servir” para Fredeburga y “Busca la Paz” para Ingilberga. Del año 898 al 1017, cinco mujeres que levantaron una comunidad y que, al mismo tiempo, construyeron país. A su lado, las ceramistas de Sant Benet han querido hacer constar también el nombre de otras monjas que constan en documentos de la época: Quíxol, Riquilda, Enquila, Caríssima, Elo, Gurgúria y Letgarda. Un testigo de que no solo los nombres más destacados construyen la historia: “La comunidad la forman todas, las abadesas y las monjas”, ha dicho Regina Goberna en el acto de inauguración.
El mural lo forman 207 baldosas cocidas a 960° de temperatura con aplicaciones de relieves de gres cocidos a 1.245°, utilizando los amplios conocimientos técnicos adquiridos por el taller en más de medio siglo de historia, durante el cual se ha hecho un lugar destacado en el mundo de la cerámica catalana contemporánea. El acto ha acabado con la intervención de la abadesa de Sant Benect de Montserrat, Maria de Mar Albajar, seguida por el rector de Sant Joan, David Compte y del alcalde de Sant Joan, Ramon Roqué, y ha contado con el acompañamiento del músico ripollés Jordi Ballesteros.
La trayectoria de la comunidad benedictina de Sant Joan tuvo un final abrupto, con el decreto del Papa Benedicto VIII que decretaba la expulsión en enero del año 2017, detrás del cual cada vez emerge con más fuerza la hipótesis de los intereses políticos y territoriales del conde de Besalú, Bernat Tallaferro. El mural quiere reivindicar la memoria de las monjas benedictinas que, por iniciativa del conde Guifré el Pelós, fueron el catalizador de la repoblación de este valle del Pirineo. Una memoria que el pueblo ha conservado en su mismo nombre, Sant Joan de les Abadesses, y que ahora tiene en el mural una explicación que reúne la creación artística, la pedagogía histórica y la memoria espiritual.








