Comunidad de Agustinos
Para la comunidad agustiniana, la visita del Santo Padre, León XIV, fue un momento de gracia que nos llenó de alegría, ánimo y renovadas ganas de seguir adelante en nuestra misión. Fueron dos momentos inolvidables que marcaron a toda la comunidad.
El primero tuvo lugar la tarde del 9 de junio, en la capilla del Obispado de Barcelona. Los agustinos y la Familia Agustiniana de Cataluña —misioneras, contemplativas y de la Consolación— nos reunimos con el papa León XIV en un encuentro que nunca olvidaremos. No hubo protocolos ni distancias: fue un momento familiar, alegre y espontáneo, como si estuviéramos entre los nuestros. Con el espíritu de san Agustín siempre presente, nos animó a no encerrarnos en nuestras propias comunidades, sino a compartir la riqueza de nuestra espiritualidad agustiniana en la vida cotidiana y a seguir al servicio de la Iglesia, siendo «fermento de unidad y de comunión» en un mundo tan dividido. Nos invitó a estar abiertos, disponibles y comprometidos en la construcción de comunidades verdaderamente fraternas.
Igualmente significativa fue su visita a la iglesia de San Agustín del Raval y el encuentro con los agentes de la pastoral caritativa. Con su presencia puso rostro a las periferias e hizo visible la labor silenciosa de tantas personas que sirven a los más vulnerables. Estamos convencidos de que este gesto contribuirá a despertar una mayor sensibilidad social y eclesial, animando a muchas personas a implicarse en el apoyo a quienes más lo necesitan. En cuanto a nosotros, nos hemos sentido confirmados en nuestra vocación y misión, y enviados nuevamente a vivir el carisma agustiniano con ilusión, cercanía y esperanza.
Comunidad de Adoratrices
Desde Adoratrices estamos contentas y agradecidas porque, con motivo de esta visita del Santo Padre a España, a través de la Fundación de Solidaridad Amaranta, hemos podido dar visibilidad a la realidad de las mujeres víctimas de trata de seres humanos, así como a nuestro compromiso con la defensa de sus derechos, su recuperación y su plena integración social.
Esta visita ha sido una oportunidad para acercarnos al Santo Padre y conocer mejor su estilo de pontificado, tan importante y decisivo en el tiempo que vivimos. Es un Papa muy cercano, humano y preocupado por los grandes problemas que nos rodean.
Deseamos que su mensaje sea para todos un nuevo impulso en el camino del Evangelio y que seamos capaces de construir, con nuestros compromisos, una sociedad más humana y acogedora. No nos cansemos de alzar la mirada y de seguir al lado de quienes nos necesitan.
Comunidad de Mercedarios
El 10 de junio de 2026 quedará grabado para siempre en mi vida. Será el día en que los muros de la desilusión y de la desesperanza fueron derribados por la palabra de un Papa bueno: León XIV. El Papa se encuentra de visita apostólica en la Ciudad Condal. Por la mañana ha visitado el centro penitenciario de Brians 1.
Toma la palabra el capellán de la prisión, el mercedario Jesús Bel; después intervienen dos mujeres internas… Él las mira, asiente, escucha… Saluda y abraza. A continuación se dirige a los ochenta internos, hombres y mujeres, a los voluntarios de la pastoral penitenciaria, a los funcionarios, a las autoridades… En apenas veinticinco minutos ha roto todos los esquemas de contención propios de una prisión. Y no me refiero solo a las medidas de seguridad y al protocolo:
«Queridas hermanas y queridos hermanos, no hay ninguna situación que haga que el Señor aparte su mirada de vosotros… Recordad que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona… El pasado de nuestra vida no condena el futuro… El Señor nos muestra un horizonte que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar… Dios te ama tal como eres, pero sueña contigo mejor.»
Y sí. Se abrió el cielo. La esperanza inundó aquel lugar. Ahora los medios de comunicación repetían ese mensaje en todas las prisiones del mundo, para todos. Allí había una religiosa de la Presentación, un jesuita, un franciscano, cinco mercedarios, un diácono permanente, voluntarios laicos… una diversidad de carismas al servicio de las personas privadas de libertad. Y el Papa saluda a todos, da las gracias, anima…
Una vez más, el mensaje liberador de Cristo abre las puertas de la esperanza a los presos de todo el mundo; así es como yo lo viví.
Gracias, papa León.
- M. Carod
Dominicas de la Presentación
Hay experiencias que resultan difíciles de describir porque tocan algo muy profundo del corazón. Así ha sido para mí la visita del Santo Padre a nuestra tierra: un verdadero regalo de Dios. No por la espectacularidad de los acontecimientos, sino precisamente por todo lo contrario. Puedo decir que lo más grande se ha manifestado en la sencillez, en la cercanía y en la naturalidad con la que el Papa se ha hecho presente entre nosotros.
Tenerlo cerca ha sido impresionante, pero no por la distancia que suele rodear a quien ocupa una responsabilidad tan grande dentro de la Iglesia, sino por la humildad con la que se ha situado entre las personas. Su mirada atenta, especialmente hacia los más pobres, los olvidados y aquellos a quienes casi nadie visita, ha sido para mí uno de los signos más elocuentes del Evangelio. En él he visto reflejadas las palabras de Jesús: «Todo lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).
Esta visita ha sido también una llamada a la esperanza. Sus palabras, en los distintos encuentros, discursos y celebraciones, han defendido con claridad la dignidad de toda persona, el valor sagrado de la vida y el sueño de Dios para la humanidad: una familia humana reconciliada, capaz de encontrarse, dialogar y caminar unida.
Me llevo la certeza de haber vivido un acontecimiento profundamente evangélico, en el que la fe se ha hecho cercanía, la autoridad se ha expresado como servicio y el amor de Dios ha encontrado gestos concretos para hacerse visible en medio de nuestro mundo.
Conchi García
Comunidad benedictina de Montserrat
El pasado 10 de junio de 2026, Montserrat acogió la visita del Santo Padre León XIV, el cual, como un peregrino más, quiso subir esta santa montaña para venerar nuestra estimada Moreneta. La devoción a la Virgen de Montserrat no era algo que le fuera extraño. En Perú fue rector de una parroquia que llevaba el nombre de esta advocación mariana. E, incluso, unos años atrás, siendo general de los agustinos, el P. Robert Francis Prevost ya había venido a Montserrat de manera discreta y anónima. Es esta vinculación la que hizo que el Santo Padre pudiera decir el día de su visita que «la Moreneta siempre me ha acompañado».
Cómo es sabido, a lo largo de 2025, estuvimos celebrando el Milenario de la fundación de nuestro monasterio. Una de las preguntas que más nos hicieron a lo largo de esta celebración es la de si habría la ocasión de una visita del Papa. Aun así, la salud del Papa Francisco se había ido deteriorando hasta su muerte. Por otro lado, la elección del nuevo Papa no dio tiempo a qué pudiera empezar su actividad apostólica con viajes internacionales. Y cuando parecía que el Milenario se quedaría sin visita Papal… León XIV decide venir a Montserrat. Ha sido pues, el coronamiento perfecto de las celebraciones del Milenario de nuestro monasterio benedictino.
Organizar la visita de un Santo Padre es complejo pero la ilusión hizo que nos pusiéramos a trabajar desde el primer momento para hacer de este día un día histórico. El primero y último Papa que había visitado Montserrat fue san Juan Pablo II en aquel ya lejano noviembre de 1982. Por suerte, y a pesar de algunas nubes a primera hora de la mañana, el sol brilló durante toda la jornada, a diferencia del diluvio que cayó ahora hace 44 años. Trabajamos para intentar dar una acogida benedictina al Santo Padre y a todas las personas que quisieran venir a recibirlo y a rezar con él. Emocionaba ver los miles de personas que llenaban las plazas y la basílica, especialmente los niños y niñas de las escuelas cristianas de Cataluña que también quisieron venir a acompañar al Santo Padre.
El Papa León XIV presidió el rezo del Santo Rosario en la basílica y, posteriormente, rezar con el canto de la Salve y el Virolai por parte de la Escolanía de Montserrat. Ver el Santo Padre ante la imagen de la Virgen de Montserrat fue sin duda uno de los recuerdos que perdurarán entre quienes lo vivimos. Fue también emotivo cuando el Papa salió al balcón principal del monasterio para saludar a las personas que se habían congregado en las plazas. Allí, con unas palabras improvisadas, agradeció a los catalanes nuestra fe y que fuéramos una tierra de acogida. Después de compartir la comida, el Santo Padre se encontró con la comunidad benedictina y los monaguillos. Un Papa que rezuma la sencillez y la firmeza de la fe cristiana. El P. Abad Manel Gasch le regaló en nombre de todos una imagen de la Virgen de Montserrat. La Moreneta, pues, continuará acompañando al Papa León XIV y su ministerio.
P. Bernat Juliol
Abadía de Montserrat








