Pilar Rahola publicó hace un año un artículo en La Vanguardia que comenzaba así: «Leo el informe anual que presenta la organización Puertas Abiertas con los datos del 2016, y la cifra confirma los peores augurios: 215 millones de cristianos sufren una persecución alta, muy alta o extrema por su fe.» Este artículo titulado «Persecución silenciada» acababa de esta manera: «La persecución y muerte de cristianos se produce ante la indiferencia y el silencio de todos. Como si no fueran víctimas. Como si no sufrieran. Como si no murieran. Es el silencio cómplice que mece la cuna del verdugo.» Pilar Rahola no se ha quedado en este artículo. Acaba de publicar el libro S.O.S. cristianos, fruto de una investigación rigurosa iniciada hace dos años, sin edulcorantes, y con un profundo sentido de denuncia. Una lectura totalmente recomendable. Tres aspectos a destacar.
Primero, la óptica del libro. La autora no pretende escribir un libro sobre la fe religiosa ni sobre la trascendencia espiritual. Su mirada se dirige a los derechos fundamentales. Por este motivo, no contempla a los cristianos por su condición religiosa sino por su condición de víctimas, que lo son por el solo hecho de seguir a Cristo. Rahola pretende poner al descubierto persecución, violencia y asesinato que asedian a los cristianos. Víctimas a menudo invisibles por el silencio culpable de quienes lo ven y miran hacia otra parte. Los medios dedican atención escasa a muertes de cristianos, a quema de iglesias, como si se tratara de una turbulencia meteorológica que se narra sin gran interés. El grito de las víctimas cristianas se pierde en el silencio de la noche, ante una indiferencia crónica, que permite a los verdugos actuar con total impunidad.
Segundo, el triángulo del horror. Rahola define así el triángulo del horror: «Donde impera la violencia, son asesinados; donde hay tiranos, reprimidos, y donde hay libertad, menospreciados.» Tres escenarios para un mismo guion. En nuestro caso, el diagnóstico de la autora no pretende ser políticamente correcto: «Donde hay democracia, la violencia y la represión son sustituidas por el menosprecio y la demonización, especialmente por ideologías de izquierda que convierten la laicidad en un instrumento de segregación sobre todo en países católicos, probablemente porque muchos de estos movimientos ideológicos, más que laicos, son furibundamente anticatólicos.» Basta un análisis pormenorizado de los medios de comunicación. Aquí tenemos una peculiaridad añadida: el régimen de cristiandad está en fase crepuscular y se está alumbrado un cristianismo de diáspora.
Tercero, los cristianos, víctimas en el centro de la diana. El papa Francisco afirmó: «Estoy convencido que la persecución actual contra los cristianos es más fuerte que la que se padeció en los primeros siglos de la Iglesia.» Existen estudios sobre esta realidad, que vale la pena conocer. La lectura del libro de Pilar Rahola abona estos planteamientos y permite situar estos puntos en una reflexión más amplia, no para quedarse en ella, sino para estimular una actitud solidaria con las víctimas.
Lluís Serra Llansana








