(Obispado de Tortosa · Maria Joana Querol Beltrán · 07/12/21) El día 6 de diciembre, se celebró en la Catedral una Misa de acción de gracias por los veintiséis años de estancia en Tortosa de las Hijas de la Caridad de San Vicenç de Paúl. Su vida está dedicada totalmente a Dios y al servicio de los pobres, siguiendo a Jesucristo, modelo del verdadero amor, sirviéndolo en la persona de los más pobres y desfavorecidos de la sociedad. Acompañaron en la celebración dos Hijas de la Caridad, una en representación de la Provincial.
La Eucaristía, presidida por el Sr. Obispo. Mons. Enrique Benavent Vidal, fue concelebrada por seis sacerdotes: Mn. Josep Mª Membrado, Mn. Ramon Labernié, Mn. Pascual Centelles, Mn. Pepe Insa, Mn. Rodrigo Monfort y Mn. José Ayllón. Dirigió los cantos, Joan Redó. Se inició con el canto de entrada: “Cantemos hermanos”. Después de las primeras palabras del Sr. Obispo: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz sea con vosotros”, la Sra. Anna Algueró hizo la monición de entrada. Nos hemos reunido para agradecer el trabajo y dedicación que han tenido las Hijas de la Caridad hacia los más pobres durante veintiséis años en la Casa de Acogida. También queremos dar las gracias a los voluntarios que han colaborado mediante su ayuda en el trabajo y también económicamente. Muchas gracias a todos.
Después de cantar, “Señor, tened piedad», se proclamaron las lecturas. La primera lectura del libro de Isaías (Is 35, 1-10), la hizo Maria Eva Morelló. El Salmo responsorial cantado: “Cantemos con voz exultante el nombre del Señor” y después de cantar el Aleluya, Mn. Rodrigo Monfort proclamó el Evangelio según san Lucas (Lc 5, 17-26). A continuación la homilía del Sr. Obispo.
Queridos hermanos en el sacerdocio, alcaldesa, regidores, hermanas de la Caridad Mª Teresa y Mercè, otras Hijas de la Caridad aquí presentes, hermanos y hermanas todos. En la vida de la Iglesia las instituciones pasan, nuestro servicio eclesial se acaba, pero hay una cosa que perdura siempre. Dice San Pablo: “Si yo hablara el lenguaje de los hombres y de los ángeles pero no tengo amor, no pasaría de ser como las campanas que tocan… si tuviera tanta fe que fuera capaz de mover las montañas, pero no tengo amor, no seria nada… si repartiera todos mis bienes a los pobres… pero no tengo amor, de nada me serviría… La fe y la esperanza pasarán… pero el amor no pasará nunca…. El amor es lo más grande”.
Hoy nuestra celebración tiene un doble sentimiento: a) De gratitud a las Hijas de la Caridad que durante veintiséis años se han dado en la Casa de Acogida. No les agradecemos el trabajo que han hecho, sino lo que han hecho a partir del amor de Cristo. Han sido un testimonio de caridad, de entrega, de acogida de las personas. Por todo esto es por lo que tenemos que dar gracias a Dios. Hace unos dos o tres años, en una entrevista en la TV dieron testimonio de su vida; testimonio de humildad, de pobreza y de amor a los pobres. Dice san Tomás de Villanueva: “Nadie puede estimar los pobres, si no estima la pobreza”. Esto nos produce un sentimiento de gratitud al Señor. Es un regalo ver como se dan a las personas. b) El otro sentimiento es que con su marcha, nuestra diócesis se empobrece. Lo que me gustaría es que estas pobrezas institucionales nos llevaran a una pobreza en nuestra vida. La vida de la diócesis se empobrece y se debilita, porque perdemos un testimonio de la caridad que será menos visible entre nosotros. También la vida de la ciudad sin ustedes se empobrece, puesto que su testimonio se ha hecho visible en nuestra sociedad. Todos valoramos lo que han hecho las Hijas de la Caridad con su presencia entre nosotros.
El testimonio cristiano nos tiene que interpelar. Las hermanas nos han enseñado como acoger a las personas, como ayudarlas, como tratarlas. Es un reto para la ciudad, para la diócesis y también para las autoridades. Su testimonio no es un reto para que en la Casa de Acogida continúe funcionando, sino hacerlo evangélicamente, acogiendo a las personas, interesarnos por cada una y tratar a todos como hermanos. Por eso su testimonio no tiene que ser solo un signo de caridad, sino un ejemplo para los que las hemos conocido. Queremos expresar nuestro agradecimiento a las Hijas de la Caridad por todo el que han hecho durante estos veintiséis años en nuestra ciudad y en nuestra diócesis. Muchas gracias.
A continuación, Cinta Fontanet hizo las plegarias, encomendando especialmente al Señor las Hijas de la Caridad, Maria Teresa i Mercè y la Casa de Acogida. Llegado el momento de la Comunión cantamos: “Jesucristo nos ha estimado como nadie nunca ha estimado”. La hermana Maria Teresa nos dirigió unas palabras: Hola, adiós y gracias. Ha llegado la hora de decir adiós a las personas que se han cruzado en nuestras vidas y nos han acompañado. Gracias a todos los que nos han ayudado y colaborado de diferentes formas y adiós a las autoridades civiles y eclesiásticas. A todos, gracias. También gracias porque todos los aquí presentas nos habéis dado la oportunidad de acercarnos a las personas. Todas las hermanas que hemos estado en Tortosa: Sor Bibiana, sor Regina, sor Mª Teresa, sor Mercè, sor Emilia, sor Ramona, sor Victoriana, sor María Dolors y sor Encarna, todas nos hemos sentido estimadas. A todos vosotros: gracias, hola y adiós.
El Sr. Obispo Enrique, les entregó un obsequio muy estimado por los tortosinos, una imagen de la Virgen María de la Cinta. Que la Virgen María los acompaño allá donde vayan, los dijo. Acabó la celebración con la bendición final del Sr. Obispo y el himno de la Virgen María de la Cinta.
Y acabo con algunas de las mismas palabras que dice la “hoja-recuerdo” que nos dieron momentos antes del inicio de la Eucaristía de acción de gracias: “Han abierto las puertas de la casa a los más pobres… pero lo que más han hecho por todos ellos, es abrir las puertas del corazón a todo el mundo para dar empatía, cariño y acogida, que son las carencias principales de las personas que viven en la calle” “¡Gracias por todo lo que hemos aprendido de vosotros!” “Compartir, dar de lo que se tiene, estar siempre dispuestas a ayudar…” “¡SIEMPRE ESTARÉIS PRESENTES!”








