(O. de Tortosa · 09/06/26) La comunidad de monjas mínimas de Móra de Ebro ha celebrado durante todo un año el centenario del Templo Expiatorio dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. El obispo de Tortosa, Mons. Sergi Gordo, presidió la clausura de este año jubilar el viernes 5 de junio, recordando la inauguración de la iglesia el 5 de junio de 1925. También estuvieron presentes hermanas mínimas venidas de los monasterios de Valls, Andújar, Daimiel, Jerez de la Frontera y Sevilla.
La Eucaristía estuvo concelebrada por el superior general de la Orden de los Mínimos, el padre Gregorio Colatori, y por un grupo de presbíteros de la diócesis (entre ellos el delegado de Vida Consagrada, Mn. Josep Maria Garcia), que estuvieron acompañados por uno de los seminaristas del obispado. Puedes leer la homilía del obispo Sergi Gordo aquí
La madre María de los Ángeles Martín —correctora de las comunidades de Mora de Ebro y de Paula, en Italia— habla de la Orden de las Mínimas y explica cómo una revelación del Corazón de Jesús condujo a la fundación del convento de Mora en 1894.
¿Cuál es el carisma de su orden?
La espiritualidad de la Orden de los Mínimos, fundada por San Francisco de Paula en el siglo XV, se basa en la vida cuaresmal. Implica vivir con un espíritu de penitencia y de conversión, y también con la perspectiva de la Pascua (como ocurre con la Cuaresma). Nuestra vida cuaresmal nos prepara para entrar en el misterio pascual, morir con Jesús y resucitar con Él. Lo hacemos a nivel personal, pero también como un servicio a toda la Iglesia. Como hizo el Señor, ofrecemos nuestra vida para la salvación de todos. Es una gotita muy pequeña, pero es lo que nosotros podemos poner y lo hacemos de corazón.
¿Cómo llegaron las monjas mínimas a Móra de Ebro?
Una hermana mínima del monasterio de Valls que había nacido en Móra, sor Filomena Ferrer (1841-1868), al poco tiempo de su profesión religiosa empezó a tener comunicaciones del Corazón de Jesús. Él le hablaba y le pedía que llevara una vida santa y que se ofreciera por los demás. Aparte, le pidió que fundara un monasterio en Móra de Ebro, cuya comunidad debía tener como finalidad la reparación y la expiación al Corazón de Jesús.
Primero, ella se resistió un poco porque no se sentía capaz de esta obra tan grande. Después, como el Señor insistía con la petición, ella se lo manifestó a los superiores y al confesor. De acuerdo con su criterio, empezó a escribir cartas —al obispo de Tortosa ya otras personalidades— y dio sus primeros pasos para llevar a cabo la fundación. Hubo muchas dificultades porque eran años muy complicados en España en los años sesenta del siglo XIX. Ella se puso enferma y ofreció su vida al Señor por la Iglesia, por el Papa y también para que pudiera realizarse la fundación. La venerable sor Filomena Ferrer murió con veintisiete años, pero estaba segura de que la obra se llevaría a cabo porque era voluntad de Dios.
¿Cómo se hizo realidad ese deseo del Sagrado Corazón de Jesús?
Pasaron unos años y sólo fue posible empezó la construcción del monasterio con la ayuda de muchas personas del pueblo y de la diócesis. El proyecto se hizo según la inspiración que ella había tenido, cumpliendo algunas condiciones: que estuviera en Móra de Ebro, que se dedicara a la expiación y al culto al Corazón de Jesús y que fuera bajo la Regla de San Francisco de Paula, que debía guardar con total fidelidad. Ella no pudo venir personalmente, vino un grupo de mínimas de la comunidad de Valls, entre ellas una hermana carnal de sor Filomena, sor Manuela.
El monasterio se inauguró en 1894. La iglesia todavía no estaba construida y no abriría sus puertas hasta 1925. Se trata de un templo expiatorio en el Sagrado Corazón de Jesús porque la comunidad está fundada con este propósito. Hasta dónde yo sé, no hay otras comunidades en España fundadas con este fin expiatorio. Si no es un caso único, sí que es bastante excepcional.
¿Cómo fueron los años siguientes del monasterio?
Este convento ha tenido mucha influencia en otras casas de la orden a partir de su fundación. Otras comunidades quisieron seguir el ejemplo de sor Filomena y observar la regla cada vez con mayor perfección. La Guerra Civil fue un duro golpe, las hermanas fueron exclaustradas y algunas murieron. Cuando pudieron volver al monasterio, no fue fácil reanudar la vida. La falta de vocaciones empezó a ser un problema para la comunidad como lo sería también para toda la Iglesia.
¿Cuál es la situación actual de las mínimas que viven en el monasterio de Móra?
En los años ochenta y principios de los noventa, la comunidad se encontró en un momento de dificultad. Viendo la importancia de esta casa, se acordó realizar una unión con el monasterio de Paula (Italia), donde nació la orden. La comunidad de allí consideró que la fundación de Mora expresa perfectamente nuestro carisma, que es muy importante para la Iglesia (especialmente, en estos tiempos) y que debe llevarse adelante porque es deseo del Sagrado Corazón de Jesús. A partir de esta unión, ambas comunidades colaboramos y lo hacemos todo en común, incluyendo la preparación de los actos del centenario del Templo Expiatorio. En Móra, normalmente, hay cuatro hermanas y en Paula hay seis, todas ellas jóvenes.
¿Qué actos se han llevado a cabo durante este año para celebrar los cien años del Templo Expiatorio del Sagrado Corazón?
Después de la apertura del centenario, se han realizado diversas iniciativas espirituales (entre las que destaca un remanso de Cuaresma) y se han impartido diferentes charlas para profundizar en el sentido de la fundación del monasterio. Sobre todo, hemos tratado de poner de relieve la misión que recibió sor Filomena: es importante que la vivamos nosotros, pero también debemos difundir este mensaje entre todas las personas.
¿De qué mensaje se trata?
Que el Corazón de Jesús ama a todos, espera a todos y desea ser amado. Le preguntó a sor Filomena: «¿Quién me dará corazones que me quieran?». Ella le dijo: «Señor, el primero el mío. Luego, yo te buscaré». Esta misión perdura: tratar de difundir el amor al Corazón de Jesús y dar a conocer la certeza de que nuestras debilidades y pecados no alejan al Señor. Por el contrario, son motivo para que Él se acerque más y nos busque con mayor deseo.








