El documento emitido por los obispos catalanes anima a los religiosos y religiosas a “manifestar la maternidad de la Iglesia, que brilla en sus múltiples obras apostólicas”
El pasado 21 de enero, durante la celebración de clausura del 25.º Aniversario del Concilio Provincial Tarraconense, los obispos de las diócesis con sede en Cataluña hicieron público el documento conjunto Espíritu, hacia donde guías nuestras Iglesias? Se trata de un comunicado dirigido a la Iglesia en el cual con la última encíclica del Papa Francisco, Fratelli tutti, como consigna, se exhorta a “no ir hacia atrás”. En este contexto de pandemia, se hace un llamamiento a todos los miembros de la Iglesia a prepararse “para hacer una contribución explícita como discípulos del Evangelio de Jesús en cualquiera de los niveles de actuación y de los campos de acción que estén a nuestro alcance”.
Vida religiosa, en medio del pueblo de Dios
Entre las menciones, se dedica un apartado y se hace un especial llamamiento a la vida religiosa a como parte de la Iglesia, pueblo de Dios que sale a anunciar el Evangelio. Concretamente, subrayando el sentido de la Lumen Gentium , recuerdan que el testigo de los religiosos y religiosas tiene que “mostrar la calidad del amor de Jesús, su proximidad a los pobres y a los enfermos, a los marginados y necesidades de todo tipo, y tiene que manifestar, a la vez, la maternidad de la Iglesia, que brilla en sus múltiples obras apostólicas”.
En este mismo capítulo referente a los religiosos y religiosas, los obispos les piden que se integren en las estructuras pastorales de las iglesias y discernir sus respectivos carismas, también en relación al marco de las necesidades y desafíos de nuestras Iglesias”. “En el nuevo contexto actual, caracterizado por el cambio de época, la vida consagrada se tiene que preguntar como el Espíritu la lleva a la misión mediante sus múltiples carismas”, apunta.
Tal como dice el documento, siguiendo la propuesta de fondo del Concilio Tarraconense de 1995, “hoy en día aún válido”, se expone que en “este tiempo de pandemia es un tiempo oportuno, un kairós, para esparcir y comunicar, de palabra y con las obras, la buena nueva del Evangelio”.
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