(Llorenç Puig, sj · 12/10/23) Hace pocos días, ha salido la Exhortación Apostólica Laudate Deum. ¿Qué vemos en esta nueva aportación del Papa? Quizás podemos decir, para resumir, que no demasiadas cosas nuevas en su contenido, pero sí en su tono.
En efecto, la Laudate Deum no aporta muchas novedades: se trata sobre todo de una clarificación, una insistencia y actualización de lo que expuso tan magníficamente en 2015 en la Laudato Sí’.
Pero podemos decir, también, que la Laudate Deum tiene tono un valiente, fuerte, un pelo provocador, profético. Mirad qué frases, más duras:
“Por más que se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están”.
Y también: “en los últimos años no han faltado personas que pretendieron burlarse de esta constatación”. Y responde con contundencia: “olvidan mencionar otro dato relevante: que lo que estamos verificando ahora es una inusual aceleración del calentamiento, con una velocidad tal que basta con una sola generación —no siglos ni milenios— para constatarlo”.
¡Y podríamos seguir!
¿Qué nos dice a nosotros, personas que desde la vida consagrada también queremos trabajar por un mundo más justo y fraterno, más cuidadoso con el resto de la creación?
¿Quizás el Papa Francisco nos da pistas cuando, a pesar de su edad y aparente fragilidad, emplea un tono que es más contundente, menos matizado que nunca?
¿Quizás nos quiere decir que nos encontramos en una situación donde no nos queda más que ser osados, que ser más proféticos, más valientes? ¿Quizás nos hace falta más decisión y osadía para afrontar el momento que vivimos, de tanta perplejidad por tantas cosas, como la violencia, la desorientación generalizada, un mundo que sigue queriendo girar al ritmo de los grandes business y la política de cortas miras, mientras se derrama sangre y falta el agua, y donde nos tostamos todos?
Pero el Papa no se limita a recordar la urgencia, también analiza, como hacía en la Laudato Sí, las causas de la situación actual, y busca soluciones.
Por eso, la segunda parte del documento insiste en la necesidad de considerar críticamente el ‘paradigma tecnocrático’ actual, como ya se hacía en detalle en la Laudato Sí.
En este aspecto, quizás lo más novedoso es la reflexión que ofrece sobre el poder que nos confiere la tecnología, y la necesidad de reforzar las consideraciones éticas ante las posibilidades que nos ofrece la tecnología:
«(el ser humano) está desnudo y expuesto ante su propio poder, que sigue creciendo, sin tener los elementos para controlarlo».
De aquí surge el llamamiento imperioso a abordar tres elementos, que de alguna manera también estaban presentes en la Laudato Sí, pero que ahora se presentan como urgentes y decisivos:
– hay que recuperar la ética. No lo escondemos, ni dejamos que se la disfrace ni se la agüe. La ética tiene que ser un aguijón crítico que nos haga salir de la aceptación sin reservas de las novedades de la tecnología y de los dinamismos de la economía depredadora.
– hay que recuperar la Política con mayúsculas. La ciudadanía tiene que recuperar la conciencia de sus posibilidades y responsabilidades ante la política a todos los niveles: “si los ciudadanos no controlan el poder político —nacional, regional y municipal—, tampoco es posible un control de los daños ambientales.”
– hay que relanzar y revalorizar el papel de las conferencias sobre el Clima. En ellas, afirma, se tiene que dejar de lado las posturas que “privilegian sus intereses nacionales sobre el bien común global”, y se tiene que reforzar los mecanismos de control y exigencia que impulsen los acuerdos tomados.
Y finalmente, no podría faltar un apartado que vaya a las raíces personales, donde surge nuestra capacidad de compromiso y actuación o, por el contrario, la inacción, el desaliento o el escepticismo. En este apartado se revisan nuestras motivaciones espirituales, que vienen de la fe, pero que todas las personas de buena voluntad y de las diferentes tradiciones, encontrarán también en su interior.
Estas motivaciones nos ayudarán a no desfallecer y a mantener el ánimo, a pesar de saber que “no puedo negar que hay que ser sinceros y reconocer que las soluciones más efectivas no vendrán solo de esfuerzos individuales sino sobre todo de las grandes decisiones a la política nacional e internacional ”.
Pero a la vez, el Papa también recuerda que “no hay cambios duraderos sin cambios culturales, sin una maduración en la forma de vida y en las convicciones de las sociedades, y no hay cambios culturales sin cambios en las personas”.
Ojalá esta Exhortación nos impacte de nuevo, como lo hizo la Laudato Sí, y nos impulse de nuevo a vivir este compromiso con la creación, con nuestra humanidad, y en definitiva a alabar Dios con todo ello.








