(A. Tarragona · 01/06/26) El pasado viernes día 29 de mayo, coincidiendo con la proximidad de la Jornada Pro Orantibus, más de una veintena de religiosas de vida contemplativa celebraron un encuentro de fraternidad, organizado por la Delegación diocesana para la vida consagrada, en el Monasterio de Santa Clara de Reus, en el marco del Año Jubilar Franciscano.
La celebración contó con la participación de las Cistercienses de Vallbona de las Monges, las Carmelitas Descalzas de Tarragona, las Mínimas de San Francisco de Paula de Valls y las Clarisas de Reus.
El encuentro comenzó con la eucaristía presidida por el arzobispo Joan Planellas, quien durante la homilía definió esta celebración como «una epifanía discreta de la Iglesia contemplativa, llamada a custodiar, en medio del mundo, el primate absoluto de Dios». En este sentido, recordó que «en una cultura marcada por la funcionalidad y el rendimiento, la vida contemplativa es una radical proclamación de la gratuidad de Dios».
A partir de ahí, el Sr. Arzobispo hizo referencia a los diversos carismas de las órdenes: «La tradición cisterciense ha custodiado la centralidad del amor esponsal y de la búsqueda de Dios en el silencio; el Carmelo teresiano enseñó que el alma está llamada a atravesar la noche para llegar a la unión transformadora con Dios; las Mínimas atestiguan la radicalidad de la penitencia y de la pequeñez evangélica; y la tradición franciscana manifiesta la alegría despojada de los pobres de Cristo».
Sin embargo, señaló cómo todas las órdenes religiosas convergen «en un único centro: Cristo pobre, humilde y crucificado». «Sin amor a Cristo, la ascesis se convierte en esterilidad espiritual, pero cuando el alma es herida por la belleza del Crucificado, la renuncia deja de ser una pérdida y se convierte en espacio de comunión», expresó.
Al terminar la eucaristía, las hermanas vivieron el don de la fraternidad con una merienda.








