(Ana Aizpun, psicóloga sanitaria y psicoterapeuta · 19/04/24) Dios anida en el corazón de las personas y se hace presente también, a través de nuestra capacidad de emocionarnos. Las emociones a veces nos hablan en susurros, otras veces a gritos, nos guían en nuestros momentos de mayor claridad y confusión. Cuando pensamos en gestionar las emociones nos puede ayudar tener presentes estos tres momentos:
- Parar y contactar con la emoción sentida.
El primer paso en el camino de la gestión emocional es detenernos para poder escucharlos movimientos internos que se producen en el contacto con la vida. En medio del ajetreo diario, la pausa consciente nos brinda la oportunidad de conectar con nuestras emociones más profundas. La escucha tranquila, sin juicio, nos invita a acoger todas nuestras emociones tal como son, sin intentar cambiarlas o reprimirlas. Este acto de autenticidad nos lleva a reconocer la importancia de nombrar nuestras emociones con precisión. Para poder escuchar nuestras emociones debemos liberarnos de la tentación de juzgarlas como buenas o malas, aceptables o inaceptables.
- La emoción como fuente de información valiosa:
Las emociones son portadoras de sabiduría, siempre que sean primarias y ajustadas a la realidad. A veces nuestras lo que reconocemos sentir no es la emoción natural, pura que sería la respuesta a la realidad vivida. No hablamos de las emociones que en ocasiones se cronifican, aquellas que nos hablan de heridas pasadas o aparecen como tapadera para que otras más amenazantes no salgan a la luz. Decía Rogers que «lo que es más personal es más universal». Nuestras emociones reflejan nuestras necesidades, deseos y valores más profundos. Escuchar nuestras emociones nos permite descubrir qué nos están diciendo, qué necesitamos de nosotros mismos y de otros. Nos informan sobre lo que valoramos y lo que no es importante para nosotros. Las emociones también nos alertan sobre situaciones que pueden amenazar nuestra integridad o seguridad emocional. La tristeza nos habla de pérdida, la alegría de gratitud, el enfado de la necesidad de establecer límites. Cada emoción trae consigo un mensaje y nos impulsa hacia la acción, hacia la autenticidad y el crecimiento personal.
- Haciéndonos cargo de nuestras emociones:
Finalmente, las emociones nos invitan a asumir la responsabilidad de nuestras vidas. La gestión emocional implica tomar las riendas de nuestra experiencia emocional y responder de manera consciente y proactiva. Nos insta a honrar nuestras emociones como parte integral de nuestra humanidad y a utilizarlas como guía.








