(O. Tortosa · 23/06/26) Anna, Pili y Assumpta, las tres aspirantes a vírgenes consagradas de la Diócesis de Tortosa, se han reunido en su primer encuentro, celebrado en la parroquia de San Miguel de La Cava-Deltebre el sábado 20 de junio. El obispo Sergi Gordo ha presidido esta jornada en la que también ha participado el delegado diocesano de Vida Consagrada, mosén Josep Maria Garcia .
El encuentro comenzó con una presentación personal de cada una de las aspirantes a vírgenes consagradas. «También se nos dio a conocer ese nuevo camino que, con mucha alegría, esperanza e ilusión, iniciamos juntas», añade Anna, una de las aspirantes. Acto seguido, se celebró la Eucaristía: «La comunidad parroquial de San Miguel nos acogió muy cariñosamente, ofreciéndonos su apoyo y oración en esta nueva etapa de nuestra vida».
Al término de la celebración, el delegado de Vida Consagrada tuvo un gesto lleno de significado hacia las tres aspirantes, regalándoles una lámpara . «Este obsequio representa la luz de Cristo que estamos llamadas a llevar al mundo y de la vigilancia y fidelidad propias de nuestra vocación», concluye Anna.
¿Qué es una virgen consagrada?
La mujer que asume este compromiso se consagra a Dios como esposa de Cristo, al servicio de la Iglesia. Su principal misión es la oración. Esta figura está reconocida en el canon 604 del Código de Derecho Canónico . Al consagrarse, la virgen no entra en ninguna estructura nueva, sino que su comunidad es la propia diócesis. Las vírgenes consagradas viven en el mundo sin ser del mundo. No renuncian a su propio trabajo, sino que lo ejercen en espíritu de servicio y evangelización.
Es el obispo quien la consagra con un rito litúrgico público y solemne, de forma perpetua e irrevocable. En esta ceremonia, el ordinario de la diócesis le pone un anillo nupcial como signo de este esposorio con Cristo, por el que la virgen consagrada hace el propósito de vivir en virginidad perpetua. A imagen de la Virgen María, las fieles que siguen este camino buscan cumplir en toda la voluntad del Padre. Esta figura originada en los primeros siglos del cristianismo se recuperó a raíz de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II .
La vocación de la candidata es discernida por el obispo, quien debe verificar su madurez humana y espiritual para poder asumir cierta soledad. También es necesario tener autonomía económica y capacidad de inserción eclesial. Es un requisito ineludible no haber contraído matrimonio ni haber vivido, de forma pública y manifiesta, en estado opuesto a la castidad. Por otra parte, esta vocación necesita una preparación y formación continuadas . Cabe destacar que las vírgenes consagradas no son monjas, religiosas ni miembros de institutos seculares o sociedades de vida apostólica.








