(Susana García del Álamo, presidenta de la URC · 18/12/25) «MARANATHA, VEN SEÑOR JESÚS». Con esta expresión tan repetida durante este tiempo de Adviento, quiero daros la bienvenida.
Queridos todos y todas en este día en que nos encontramos, al final del año como hermanos y hermanas que compartimos una misma vocación, vivida desde los carismas de nuestros fundadores y arraigados en este momento de nuestra historia y lo hacemos en este día en que celebramos el día de la Virgen María de Guadalupe, madre y patrona de América, como decía el Cardenal Josep Omella en su última carta dominical: que , «según la tradición, en los ojos de esta Virgen María aparecen grabadas imágenes de personas de toda condición social y de todas las razas. Y es que nadie queda al margen del afecto y de la proximidad de María. Ella quiere acogernos a todos bajo su manto. En este día podemos dirigir a la Virgen María la bella súplica que recoge el himno de vísperas de esta fiesta: «Danos un pan que llegue a todo el mundo y una fe que se encienda por tus manos unidas, por tus ojos de estrella».
Acabamos un año más. Este 2025 ha sido marcado por muchos acontecimientos, como las constantes tensiones entre los pueblos, terremotos, inundaciones, conflictos bélicos, muertes de inocentes, de niños… pero también ha sido marcado por encuentros eclesiales y sinodales que han renovado la alegría, la fe y la comunión. Ahora hace un año se abría la puerta Santa de la Redención en Roma y en tantos lugares que posibilitaban la oportunidad de acoger a tantas personas necesitadas del Amor misericordioso de nuestro Dios. ¿Quién nos tenía que decir que el Papa Francisco nos dejaría y concluiríamos el Jubileo de la Esperanza con otro Papa? Y es que nuestro Dios es un Dios sorprendente, sus caminos no son los nuestros, y así es. No sabemos ni el día ni la hora que nos llamará, es por eso que siempre tenemos que estar preparados.
Ahora que nos encontramos en medio del Adviento, y recordando las palabras que he mencionado antes del Cardenal Joan Josep Omella respecto a la mirada de María, lo que sus ojos traslucen, no podría dejar de compartir con vosotros la idea que me pasa por la cabeza de qué nos dirían hoy los pastores de Belén, la gente sencilla, los Magos, qué mensaje nos traería la Estrella… y es que creer en el misterio de la Encarnación es mirar en todo nuestro mundo y contemplar el misterio de la Vida.
Dios puso su tienda entre nosotros y continúa poniéndola hoy, no nos deja, Él vive entre nosotros, se hace como uno de nosotros, a pesar de que a veces no lo podamos ver porque hay mucho de mal a nuestro alrededor, pero a pesar de todo y que las cosas no funcionen Él continúa naciendo cada día.
Quiero hacer un camino hasta llegar al Establo y encontrarme con María, José y el Niño, Dios con nosotros, y dejar que nos hablen al corazón y nos abran los ojos personajes o elementos que no podemos olvidar en estos días de Navidad y empiezo posando la mirada en los PASTORES y es que los pastores que llegan hoy a nuestras ciudades, en nuestros pueblos, en nuestros barrios, en nuestras comunidades son los pobres, los enfermos, los refugiados, las familias sin recursos, la gente que duerme en las calles, bajo los puentes, que tienen que cruzar en “pateras”, que tienen que salir de sus países buscando una vida más digna; los pastores de hoy son también todas las personas que se dejan maravillar por las pequeñas cosas, que son capaces de descubrir la belleza de la creación, el llanto de ‘un niño que acaba de nacer, los pastores de hoy son los jóvenes y las personas que descubren la voz de Dios y necesitan acercarse para dar sentido a su vida, porque ya están de vuelta de todo y se sienten vacíos. Hoy los PASTORES nos dicen a cada uno de nosotros: Hoy, aquí, en medio de vosotros, representantes de tantas órdenes religiosas, en vuestras comunidades, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Vais e impulsáis y acompañáis a vuestros hermanos y hermanas, porque Dios quiere nacer en su corazón para que sean otros Jesús en medio de nuestro mundo, para que lleven a todos los pueblos y naciones el Amor que Él nos regala; continuáis, todos juntos, siendo portadores de buenas nuevas, de esperanza, en medio de nuestro mundo. Sed siempre personas sencillas, humildes, que disfrutan de las pequeñas cosas de la vida y encomendáis a todos la alegría de vivir.
Cantemos con LOS ÁNGELES que Dios nos lleva su Paz y seamos conscientes de que la tenemos que esparcir. Deseáis y soñáis con un mundo en paz, donde a pesar de las diferencias que tengamos seamos capaces de mantener un diálogo sereno y sincero, sin que nadie tenga la necesidad de sentirse superior a los otros. Los ángeles quieren que en el silencio de nuestros corazones escuchemos el clamor de PAZ que todos necesitamos, nos inviten a ser constructores de paz en medio de nuestro mundo tan lleno de injusticias.
Y si son importantes los pastores y la estrella, no lo son menos los MAGOS que nos regalan la capacidad de ver siempre más allá, la capacidad de maravillarnos del SOL que brilla a pesar de que a veces esté tapado y la noche sea oscura. Los Magos nos animan a entregar siempre lo mejor que tenemos, a que seamos un regalo para los otros. Nos animan a buscar la Estrella que ilumina el camino que nos lleva hacia Belén – nuestras obras apostólicas. Los Magos nos dan el coraje de salir para encontrarnos con los otros y caminar juntos, no teniendo otro bastón que el de la confianza y la fe renovada y fortalecida
Os invito a imaginar una ESTRELLA que no habla, no tiene palabras, pero su luz nos recuerda que incluso en las noches más oscuras hay un punto de claridad capaz de guiarnos. Cada año, cuando vuelve a brillar en las calles y en las ventanas, despierta en nosotros una ternura antigua: el deseo de volver a empezar, de mirar al mundo con ojos limpios y de creer que todavía son posibles los pequeños milagros cotidianos.
Es una invitación a pararnos, a respirar profundamente y a escuchar lo que realmente importa. A volver a sonreír, a alargar la mano, a hacer que la bondad tenga un lugar en nuestro día a día. La estrella no promete que desaparezcan las dificultades, pero sí que nos recuerda que no caminamos solo, y que siempre hay un camino, aunque cueste de ver.
Y ahora sí, empezamos a acercarnos a los personajes que han hecho realidad nuestra vida humana y espiritual y empezamos por JOSÉ el hombre del silencio contemplativo el que escucha la voz de Dios y en el sueño le dice todo. El Buen José nos dice que confiemos, que la vida es más fácil si nos abandonamos en manos del Padre que sabe lo que más necesitamos. Tiene otra palabra para nosotros, nos dice que seamos buenos, que el trabajo que realizamos cada día sea hecho con amor incondicional, alegría, que transformemos el esfuerzo en entrega y generosidad. Y además que no juzgamos nadie, porque el Padre nos conoce, nos perdona y nos estima por encima de todo.
Y si son importantes los otros mensajes que nos han dado los pastores, los magos, la estrella y José, no puede ser menos el que nos quiere decir MARÍA. María, la Buena Madre, Ella mira, escucha, observa, contempla todo y lo guarda en su corazón para presentarlo a su Hijo y que lo transforme. Y en Belén nos continúa diciendo: FÍATE, Fíate del Padre que sabe lo que nos conviene, Fíate, confía y aprecia. Estima a los que nadie aprecia, acoge a quién se siente perdido, ayuda a los que no tienen nada, da tu vida como si fueras otra María en el mundo, porque el mundo necesita corazones grandes, ojos abiertos, manos generosas, pies ligeros que vayan hacia los más débiles, vulnerables y desvalidos.
Feliz Navidad y que:
– La sencillez y humildad de los pastores nos haga más humanos y comprometidos
– La alegría de los Ángeles nos ayude a esparcir la paz en todo el mundo
– La rapidez de los Magos al salir de lo que ya conocían nos empuje a salir de nosotros mismos e ir hacia la búsqueda de la Verdad con ilusión
– Que la luz de la Estrella nos ayude a iluminar el camino de los que se sienten perdidos y sin esperanza
– Que la confianza de San José nos acompañe siempre y dejemos que obre en nosotros la voluntad del Padre
– Y que María nos acerque a Jesús, que quiere nacer en nosotros.
– SEAMOS TESTIMONIOS DE ESPERANZA EN EL AMOR DE DIOS QUE NOS SOSTIENE








