(Mª Dolores Cabello . Congregación de las Hijas de Jesús) Hace poco más de un mes, Alcarrás y todos los pueblos de alrededor, eran un bello espectáculo de diferentes tonos color de rosa. Cientos de personas se acercaban a contemplar la ruta del Alcarrás florido. Un experto en la materia explicaba el interesante proceso de la naturaleza hasta llegar al árbol en flor. Pero hay que mirar al cielo y contar con la temperatura que, si baja de un determinado valor, todo puede perderse.
Mientras, un gran número de personas, aparte de los agricultores, esperan impacientes que la flor deje paso al fruto. Migrantes de diversos países van llegando de Senegal, Mali, Guinea Conakry, Camerún…llegan con una mochila cargada de esperanzas. Muchos confían en encontrar algo más del trabajo que hubo en la campaña de la que vienen y, si trabajan lo suficiente, podrán alquilar una habitación compartida.
A las Hijas de Jesús, que desde hace 13 años vivimos en este pueblo, este movimiento ya nos resulta familiar y sabemos que, además de maletas, mochilas, idas y venidas de personas que se incorporan a nuestra rutina diaria, hay que preparar el corazón para acoger, escuchar, orientar, animar, cuando van llegando a Cáritas con la necesidad, no sólo de una manta porque aún hace fresco y van a dormir en la calle, sino de contar muchas historias ante las que hay que recordar que la vida no es fácil y que cada persona es la tierra sagrada ante la que hay que arrodillarse.
Este verano 2022, la cosecha se ha perdido en gran parte, la temperatura bajó durante 3 noches a 6 grados bajo cero y la preciosa flor no se ha convertido en fruto. Muchas esperanzas se han desvanecido, algunos, desplazándose a pueblos limítrofes están trabajando, otros se han marchado esperando tener suerte y otros se quedarán todo el año porque sin papeles no hay posibilidades. Con ellos continuará nuestro servicio y
nuestra convivencia, participaremos no sólo de sus necesidades sino de sus alegrías, de sus celebraciones, de sus fiestas.
Desde este contexto la lectura de la Palabra de Dios adquiere claves nuevas para ir haciéndola vida, encarnarla en esta tierra concreta, en estas personas, en estas luchas y búsquedas, muy conscientes de lo que esta relación y estos contactos ofrecen a nuestro estilo de vida.
Aquí, ahora, en este presente, en estas personas, sigue Dios llamándonos a construir fraternidad desde la perspectiva de la interculturalidad e intereligiosidad, sintiéndonos agradecidas por tanta vida a la que se nos invita, a la vez que experimentamos la impotencia y debilidad.
Nuestra pequeña comunidad agradece la riqueza de estas vidas que se hacen cercanas, que nos abren a una realidad que cuestiona, que interroga, que sensibiliza. Un equipo de contratados de Cáritas Diocesana, junto a otro de voluntarios y voluntarias, hacen posible la acogida y el seguimiento de estas personas que son el centro de la acción socio-caritativa de la Iglesia.








