Primera tanda de los Ejercicios espirituales con la Unión de Religiosos de Cataluña
Del 14 al 20 de julio se celebró en el monasterio de Montserrat la segunda tanda de los Ejercicios espirituales de verano de la Unión de Religiosos de Cataluña, predicados por el P. Abad emérito Josep Maria Soler i Canals, OSB.
Con el tema “La esperanza que no defrauda. Meditación en sintonía con el Año Santo”, el P. Soler recordó que los ejercicios son un tiempo privilegiado de revisión personal: de la propia vida, de la fidelidad al Evangelio y al seguimiento de Jesucristo. Por ello, en sintonía con el Año Jubilar de la Iglesia, tomó como punto de partida las palabras de san Pablo en la Carta a los Romanos: “La esperanza que no defrauda”.
Durante estos días, los participantes reflexionaron sobre las muchas formas de esperanza que ofrece el mundo, y sobre cómo solo Jesucristo es la verdadera esperanza que no defrauda. Esta convicción se profundizó a partir de dos momentos esenciales de la vida del Señor: la encarnación y la resurrección, fundamento y raíz de la fe cristiana.
El P. Soler puso también el acento en el sacramento del bautismo, que incorpora a los creyentes a la vida nueva en Cristo y en el cual arraiga la profesión religiosa. Desde aquí, los ejercicios invitaron a tomar conciencia de la vocación consagrada como respuesta bautismal, y a vivirla con autenticidad en medio del mundo.
Otro aspecto clave de las meditaciones fue la misericordia: el jubileo tiene una dimensión de perdón, y así se contempló el rostro de un Dios que no solo perdona, sino que se alegra al perdonar, como muestra Jesús en la parábola del hijo pródigo. Los religiosos y religiosas están llamados a ser transmisores de esta misericordia que acompaña, ayuda y sirve. El papa Francisco lo resume diciendo que deben ser “administradores de un hospital de campaña”, capaces de acoger y escuchar.
Además, el P. Soler destacó la dimensión comunitaria de la peregrinación de la esperanza: “Los que vivimos la vida consagrada la vivimos en comunidad”, remarcó, invitando a revisar cómo mejorar las relaciones fraternas y cómo hacer que las comunidades sean testimonio de oración, de caridad, de perdón y de acogida.
Finalmente, insistió en la importancia de situar a Dios en el centro de la vida, para que desde la Palabra y los sacramentos, los consagrados y consagradas puedan ser testigos del amor de Dios en la Iglesia y en el mundo.








