María está en vísperas de tener un hijo. Un edicto del emperador César Augusto le obliga a viajar en condiciones inadecuadas hasta Belén, donde tiene que censarse. El censo es un instrumento al servicio del poder: mide el alcance del imperio, permite controlar los flujos de población y asegura llenar las arcas con los impuestos. Un sistema de control. Hoy lo llamaríamos además estadística. José la acompaña. No tienen lugar en el hostal. Si lo hubiera, el hospedaje tiene un precio y nadie asegura un mínimo de intimidad. Al aire libre, en la noche, parcialmente cobijados, nacerá la criatura. Más tarde, otros poderes públicos perseguirán a muerte al bebé. Su familia tendrá que exiliarse a Egipto, hasta que la amenaza haya desaparecido. La primera Navidad no fue nada edulcorada. No obstante, el ángel se aparece a los pastores, que guardan de noche el rebaño y les da varios mensajes. Primero, no tener miedo. Donde hay miedo, no hay libertad ni amor, requisitos básicos para vivir una relación evangélica con Dios y con los demás. Segundo: el anuncio de una buena noticia que traerá a todo el pueblo una gran alegría. Se excluye a los poderes mundanos que, como Herodes, quieren secuestrar la noticia porque se sienten amenazados. La gente, todo el pueblo, tiene un gran motivo de alegría, de una gran alegría. Tercero: el nacimiento del Mesías, cuya señal puede verse en un niño en pañales, puesto en un pesebre. Ni letreros luminosos, ni objetos de consumo. Jesús, una persona, que trae la salvación, es decir, que representa el sentido más profundo de la vida humana.
Vivir hoy la Navidad, ¿qué implicaciones tiene? Si me dejo llevar por el miedo, por la tristeza, por la desesperanza, por la falta de paz…, aunque tenga razones para ello, significa que no estoy entendiendo el mensaje de la Navidad. La alegría no me la proporcionarán los poderes políticos o económicos, empeñados en reducirnos a votantes o clientes. La alegría proviene de ser y sentirse hijos e hijas de Dios y vivir la fraternidad entre todos. Desde esta perspectiva, ¡Feliz Navidad!
LLUÍS SERRA LLANSANA








