(V. Consagrada O. Girona · 17/11/25) Sábado 15 de noviembre del 2025 nos reencontramos, en el Santuario de los Ángeles, los consagrados y consagradas del obispado de Girona. Se escogió este lugar tan estimado en nuestra diócesis para celebrar el Jubileo Diocesano de la Vida Consagrada, presididos por nuestro obispo, fray Octavi Vilà.
Al llegar, la belleza del entorno natural del Puig Alt —lugar donde está situado este santuario— y la presencia de María han hecho que nos sintiéramos y viviéramos como hermanos y hermanas. Con este espíritu de fraternidad empezó la celebración de la Eucaristía, corazón de esta jornada jubilar. Participaron personas de varias familias religiosas y carismáticas, hombres y mujeres que vivimos los consejos evangélicos y compartimos un mismo deseo: hacer presente el Reino de Dios en medio del mundo. Nos une la gratitud por la vocación recibida y la conciencia de formar, todos y todas, el rostro vivo de la Vida Consagrada en la Iglesia que peregrina en Girona.
En su homilía, el obispo fray Octavi nos recordó que la Vida Consagrada se mueve entre dos tiempos: “los retos que se abren ante nosotros y la inmensa herencia que nos precede, hecho de generaciones de mujeres y hombres que han creído que merecía la pena darlo todo por el Evangelio”. Nos invitó a mirar María, que vivió con un amor hecho de obediencia confiada y valentía silenciosa, animándonos a continuar siendo, desde la propia identidad carismática, faros de esperanza, de fidelidad y de perseverancia humilde en medio del mundo de hoy.
Para acabar esta celebración, las palabras de la Srta. Pilar, delegada diocesana de Vida Consagrada, con las que nos han exhortado a mantener viva nuestra responsabilidad en la construcción de una Iglesia sinodal, próxima y comprometida con las personas de hoy. A continuación un breve resumen de la aportación de la Vida Consagrada gerundense a la segunda fase del Sínodo de la Sinodalidad del 2024, completado con dos testimonios concretos de cómo este camino sinodal, despacio, y con colaboraciones sencillas, se va haciendo realidad en nuestro obispado.
Y, como en todo encuentro familiar, se ha inmortalizado el momento con la foto de grupo y un sencillo aperitivo. Este último momento fue la excusa perfecta para saludarnos personalmente y disfrutar de un rato de fraternidad poniendo un punto final lleno de calidez a esta jornada de gracia. Hemos marchado con el corazón sereno, con la sensación que María nos había vuelto a decir, como siempre: “Confiad y haced lo que Él os diga.”








