Josep Gendrau hace setenta años profesó la forma de vida franciscana dentro de la Orden de Frailes Menores. A lo largo de su trayectoria ha desarrollado una actividad religiosa intensa, dentro de la cual destaca su labor en servicios pastorales parroquiales y como guardián de diversas fraternidades franciscanas (Cristo Rey-Virgen de la Salud ; de san Rafael de la Guineueta; Del convento Franciscano del Remei, también del convento de san Antonio de Lleida y del convento de san Antonio de Barcelona). Actualmente, es el Vicario de la Fraternidad Franciscana del convento de Sant Antoni de Barcelona.
Vida consagrada: Identificación con Cristo
Como franciscano, concibe la vida consagrada como «un intento de identificación con Cristo, tal y como lo hizo Francisco de Asís», explica. «Intentar de vivir y transparentar a Cristo en toda nuestra vida» – continúa- tal y como dijo Verdaguer: «Nados ambos en un pesebre, de un mismo amor golpeados, si no son gemelos lo parecen, san Francisco y Jesucristo» . Así, la espiritualidad franciscana es lo que guía sus pasos.
“Me esfuerzo por llevar una vida sencilla, menor y en fraternidad -continúa-. Dedico muchos momentos de oración, trabajo pastoral, atención a los pobres, a los enfermos y necesidades”. Tal y como explica, este día a día lo comparte todo con los hermanos de la Fraternidad. «Sobre todo, trato de vivirla con ilusión y alegría, que es otra de las características de la espiritualidad franciscana», añade.
Volver a los orígenes y ser más testimonios
A pesar de las adversidades del contexto actual, Josep Gendrau, asegura que «la vida consagrada tiene futuro» pero, que «hay que volver a las fuentes», como dice el papa Francisco. Tal y como afirma, «han habido diversas situaciones críticas y la vida religiosa se ha conservado porque se ha puesto al servicio de la humanidad».
Según fray Gendrau, como franciscano, hay que «manifestar el legado de San Francisco» que «vivió con autenticidad, generosidad, y con sinodalidad». Por eso, insiste en “volver a los orígenes, porque la vida consagrada es bella, bonita y estimulante, si nos damos generosamente, y nos relacionamos sin esperar nada a cambio, a Dios ya los hermanos”.
Gendrau subraya la fraternidad como vía para la vida consagrada, pensando en el fundador. “Francisco de Asís asimiló una nueva manera de relacionarse, y, al haber optado por el Evangelio, le cristalizó en forma de Fraternidad: un grupo de iguales en los que la responsabilidad viene condensada a la reciprocidad, y donde el discernimiento colectivo entra a formar parte esencial de la búsqueda de la voluntad de Dios”. En este sentido, Gendrau expone la necesidad de “ser más testigos” y “escuchar al mundo ya nosotros para dar una respuesta solidaria a todos que nos necesita”.








