(AF · Xavier Pete · 04/06/23) El abad del monasterio de Santa María de Poblet, el padre Octavi Vilà, cede un teléfono móvil a fray Borja Peyra Almunia (Barcelona, 1979), uno de los dos monjes más jóvenes de la comunidad —los dos de 44 años— y presente desde hace trece años, para que pueda atender esta entrevista. Una vez se acabe, lo apagará y lo tendrá que devolver. Tercero de cinco hermanos y licenciado en Filosofía, fray Borja ni acostumbra a conceder entrevistas —”hasta ahora, me he he sabido escapar bien”, sostiene— ni consulta demasiado los diarios que llegan al monasterio cisterciense. Después de dar clases en la Escola de Sant Jaume (Fundación de Escuelas Parroquiales) de l’Hospitalet de Llobregat y de pasar unos meses junto a Teresa de Calcuta en Etiopía, llamó a la puerta del monasterio porque “quería experimentar la necesidad de vivir la fe de manera radical pero, a la vez, silenciosa, escondida y discreta“.
Hay muy poca información sobre usted, a Internet. Ha sabido pasar desapercibido.
De hecho, es una forma muy mía de entender la vida contemplativa, pero haré una excepción, ¡Y tanto! [ríe].
Por la gravedad de su voz se entiende que sea el encargado del coro.
Acabé siendo responsable del coro de los monjes por una concatenación de circunstancias y, si bien no tengo ninguna formación musical anteriormente en mi entrada monástica, siempre he entendido que el canto espiritual es un elemento importantísimo en el seno de la comunidad y que convenía hacer esfuerzos para que esto continuara siendo así. Pero, como el resto, me ocupo de muchas cosas más: también soy el maestro de novicios y el encargado de cuidar el huerto y los campos que tenemos.








