““En verdad te digo, que cuando eras más joven te vestías y andabas por donde querías; pero cuando seas viejo extenderás las manos y otro te vestirá, y te llevará adonde no quieras.””. Jn 21,18
“La primera condición para poder descubrir y escuchar Dios es que nos situemos en la REALIDAD: no la que fue, no la que nos gustaría que fuera, no la que inconscientemente damos por supuesta, sino la que es. Y esto no es fácil. Se nos hace duro reconocer la realidad de REDUCCIÓN de nuestras instituciones y que, desde una visión meramente sociológica, tiene como perspectiva la muerte. Esto provoca desesperanza y reacciones de negación y de fuga”, este es el criterio y el diagnóstico realizado por Mª Isabel Ardanza Mendilibar, vedruna. Ha sido la conferenciante invitada a la jornada de formación permanente, celebrada en Barcelona el pasado 17 de marzo. El tema tratado es de primera magnitud. Por eso, con la autorización de la religiosa del País Vasco, recogemos las notas básicas de sus tres intervenciones en la jornada y que son publicadas en el Servicio de Documentación de la semana pasada. La mirada profunda sobre la realidad pretende dar un sentido para vivir desde la fe la experiencia de la reducción. Sin engaños. Sin fugas.
La reducción es una experiencia humana.El cine lo ha tratado a menudo. Sólo cito tres películas, dos clásicas y otra actual. La primera: “El crepúsculo de los dioses” [Sunset Boulevard] EE.UU. (1950), dirigida por Billy Wilder, sobre Norma Desmond, antigua estrella del cine mudo, que se apaga en la aparición del cine sonoro. Deseo de devolver a un pasado glorioso, que ya no se puede recuperar. En este misma línea, la película “The Artist” [El artista], dirigida por Michel Hazanavicius y ganadora de cinco Oscar el 2012, habla del mismo impacto que el cine sonoro provocó sobre artistas del cine mudo. La tercera: “Cosas de la edad”, Francia 2017, protagonizada por Guillaume Canet y Marion Cotillard, pareja también en la vida real. La crisis de los 40, vivida como una reducción de posibilidades, de atractivo y de popularidad.
La experiencia de reducción de la vida religiosa a casa nuestra es evidente. Se nutre de una reducción global, especialmente en Europa, y se acentúa porque es simultánea a la reducción en otros ámbitos. Reducción personal: las religiosas y religiosos son mayores. Las edades son bastante altas y las energías van menguando de manera visible. Reducción institucional. Menos miembros. Cierre de comunidades y de algunas obras. Noviciados vacíos o casi. Reducción social y económica. Recortes a muchos niveles. Sueldos más bajos. Una recuperación macroeconómica dudosa que descansa sobre el esquema del esfuerzo de la microeconomía. Recortes políticos. Artículo 155. Derechos básicos amenazados. Reducción eclesial del régimen de cristiandad a un cristianismo de diáspora.
Las reestructuraciones que las congregaciones han realizado en estos últimos años no se pueden entender sin la experiencia de la reducción, que ha sido el motivo impulsor. El peso de las medidas técnicas que implica este proceso es tal que la dimensión religiosa, la vivencia desde la fe, puede quedar relegada a un segundo plano. Estas reestructuraciones han implicado, en bastantes casos, el traslado de curias provinciales y de algunas generales a otros lugares. La experiencia de reducción queda así acentuada.
La propuesta de M. Isabel Ardanza es precisa: “Creo que la primera preocupación de quien corresponde animar la vida y la misión de la vida religiosa, en este momento, debería ser cómo favorecer, cómo potenciar la vida teologal, en todos los religiosas y religiosas para que puedan vivir este momento en CLAVE PASCUAL. Desde esta perspectiva, la situación actual de la Vida Consagrada está llamada a ser una experiencia de gracia, porque nos ‘obliga’ a fundamentar nuestra vida sobre la roca de la fe, la esperanza y el amor, que es, y tiene que llegar a ser, el auténtico fundamento de la Vida Consagrada en todos los lugares y tiempos”.
Podemos mirar a otro lado, podemos distraernos con proyectos menores, pero no podemos ignorar que la experiencia de reducción tiene que ser reconocida, vivida y evangelizada sin tapujos ni subterfugios, individuale y comunitariamente.
Lluís Serra Llansana








