[Fray Eduard Rey, Presidente de la URC] Mientras escribo estas líneas, en la Catedral de Barcelona están haciendo las exequias del obispo Antoni Vadell, el Obispo Toni, como nos habíamos acostumbrado a decirle. Desgraciadamente no he podido asistir.
Acompañando las peregrinaciones a Asís y Loiola de la Delegación de Juventud de Barcelona habíamos compartido trozos largos de camino, hablando un poco de todo, pero estos días me viene a la mente especialmente un recuerdo. Era los días siguientes a la sentencia del proceso. Delante del convento de Pompeya había contenedores ardiendo. Suena el teléfono, y era él. La conversación fue larga. ¿Por qué me viene especialmente ese momento? Quizás porque capté un deseo muy sincero y muy netamente pastoral de ir a fondo y de comprender la tierra y la gente entre la que había sido enviado, con nuestros matices, heridas, anhelos y contradicciones.
El obispo Toni era un hombre de mirada positiva, y que irradiaba amistad a su alrededor. En una de esas peregrinaciones, los jóvenes hicieron unas imitaciones la última noche. De él destacaban, con mucha gracia, que siempre decía «¡Muy bien!». Valoraba muy positivamente la presencia de religiosos en estas actividades con los jóvenes, porque consideraba que era importante dar a conocer y amar la vida religiosa como parte esencial de la Iglesia y un posible camino vocacional.
Obispo Toni, no sabemos por qué el Señor se te ha llevado tan pronto, y te echaremos de menos. Pero sabemos que allí donde estás te acordarás de Barcelona, de Mallorca y de tanta y tanta gente con nombres y apellidos que te hemos sentido cerca como pastor y amigo. Descansa en paz.
Fotografía: Arzobispado de Barcelona








