(AF · Jordi Pacheco · 13/01/24) El pasado 24 de diciembre por la tarde, cuando la mayoría de la población cristiana mundial se preparaba para celebrar la Navidad, Esteban Velázquez SJ (Las Palmas de Gran Canaria, 1947) empezó un ayuno voluntario por la paz. Con este acto, que se prolongó hasta el 1 de enero, el jesuita quiso instar los líderes políticos y religiosos a promover una reforma sustancial en las Naciones Unidas, la instauración de una constitución mundial vinculante sin excepciones y la aplicación real y universal de un “no en la guerra”. Porque, según sostiene, no es ingenuo pensar que el mundo puede encontrar soluciones sin recurrir a las armas.
A caballo actualmente entre la comunidad jesuita de la Facultad de Teología de Granada y Jérez del Marquesado, donde preside la Fundación Centro Persona y Justicia, Velázquez acumula una larga trayectoria como sacerdote comprometido con la justicia social. Desde su isla natal hasta Marruecos y pasando por Salvador, donde entre los años 80 y 90 participó en iniciativas de paz y atendió pastoralmente y humanamente a la población civil y a la guerrilla, el religioso ha participado en numerosos movimientos sociales relacionados con la solidaridad internacional, la globalización, la interculturalidad, el diálogo interreligioso o las migraciones.
Así, a sus 76 años asegura que tiene todavía la intención de “continuar batallando, en el buen sentido de la palabra”, porque como militante de la no violència activa en la línea gandhiana, no puede permanecer impasible ante un orden mundial no representativo de la voluntad pacífica de la mayoritaria de los pueblos del mundo.








