(A. de Tarragona · 13/04/26) Este segundo domingo de Pascua, día 12 de abril, la ermita de la Mare de Déu de la Consolació de Gratallops acogió la profesión perpetua eremítica del hermano Joan Zafra, que fue presidida por el arzobispo Joan Planellas. La celebración fue concelebrada por varios presbíteros, entre ellos el párroco de la Unidad pastoral del Baix Priorat, Mn. Xavier Roig.
La eucaristía también contó con la participación de la Hna. Isabel Górriz, d.e.i.c, delegada diocesana para la vida consagrada, así como de varios miembros de la comunidad de hermanos y hermanas eremitas de la archidiócesis de Tarragona, que actualmente la forman un total de seis eremitas, y un buen número de fieles de las parroquias de la Unidad pastoral.
Al iniciar la misa, antes de la liturgia de la Palabra, tuvo lugar la aspersión con el agua bendita. Tras la proclamación del Evangelio, el Hno. Joan expresó al Sr. Arzobispo su voluntad de consagrarse a Dios como monje ermitaño.
Arzobispo Joan: «La vida eremítica es la vivencia del bautismo de forma radical»
Durante la homilía, el arzobispo Joan Planellas habló de la vida eremítica, que definió como «la vivencia del bautismo de forma radical, la llamada a la santidad cristiana convirtiéndose en otro Cristo». En este sentido, expuso que «cuando el cristiano logra en la vida ser otro Cristo, su fe es más preciosa que el oro».
De este modo, destacó algunos puntos que distinguen a la vivencia cristiana a partir de la vida eremítica: «Una mayor estabilidad de vida, porque tu objetivo va hacia la dirección de vivir el bautismo con radicalidad, una doctrina y una enseñanza aprobados para llegar a la perfección, y una hermandad fraternal en el servicio de Cristo». En este último aspecto, recordó que, pese a que los eremitas viven la experiencia del desierto, «deben vivir con una hermandad fraternal con los cristianos diocesanos», y esto hay que concretarlo «en el día a día, orando por la Iglesia diocesana y conociendo la realidad concreta donde se vive», dijo. En este sentido, el Sr. Arzobispo le recordó al hermano Joan que «no está solo, porque la Iglesia diocesana le acompaña».
Por otra parte, también se refirió a la «centralidad de Jesús en la vida de nuestra Iglesia». Así, explicó que en la liturgia del tiempo pascual «domina el gozo del Resucitado, siempre presente en la comunidad reunida», e invitó a los asistentes a ser, como la primera comunidad cristiana, «constantes, asistiendo a la enseñanza de los Apóstoles, teniendo un solo corazón y una sola alma, viviendo unidos y dando testimonio de la resurrección de Jesús».
Consagración y profesión del hermano Joan
Al terminar la homilía, tuvieron lugar los rituales de la profesión religiosa eremítica. Primeramente, hubo la liturgia de la consagración, durante la cual se invocaron a los santos. A continuación, el hermano Joan leyó, ante el Sr. Arzobispo, la fórmula de la consagración, y manifestó su entrega total y para siempre al amor de Cristo. Una vez leída, la firmó y la depositó sobre el altar.
La liturgia continuó con la bendición solemne por parte del arzobispo Joan y la entrega de la Biblia y la Liturgia de las Horas, que recuerdan a la eremita que debe leer, meditar, contemplar y convertir en oración la Palabra de Dios. Por último, el Hno. Joan pronunció la oración conclusiva de la profesión.
La celebración siguió con la liturgia eucarística y, al terminar, se llevó el Santísimo Sacramento al oratorio de la casa anexa a la ermita de la Mare de Déu de la Consolació, donde vivirá el hermano Joan Zafra. Tras bendecir la casa, los asistentes pudieron compartir un refrigerio.








