(Claretianos · 21/09/22) Como cada año, el tercer domingo de septiembre, un buen grupo de personas se han reunido en el espacio martirial de Mas Claret para recordar, una vez más, la persecución y el sufrimiento de que fueron objeto los mártires misioneros claretianos. Durante la jornada, también se ha inaugurado un nuevo panel en cerámica, obra del claretiano Josep Vilarrubias.
Este año, para empezar, ante el Cubierto de la Mina se ha hecho memoria del grupo de misioneros del Mas Claret que fueron ametrallados el 19 de octubre de 1936. A continuación, en un Via Crucis con tres estaciones, se ha leído la vida de tres mártires del Mas Claret: la de un misionero sacerdote, la de un misionero estudiante y la de un misionero hermano.
En el espacio martirial, el claretiano Pere Codina ha presidido la eucaristía. Durante la homilía, Codina ha hecho hincapié en que los mártires «dieron la vida por Cristo». Según Codina, esta expresión dice dos cosas: «Que a todos se les ofreció la posibilidad de escapar a la muerte y que todos murieron perdonando».
Ciertamente, semanas antes de su martirio, los misioneros de Mas Claret fueron víctimas de provocaciones diversas y todos fueron invitados a blasfemar y apostatar, pero todos se negaron. La tarde del día 19 de octubre, los misioneros de Mas Claret, firmes en su fe, morían por Cristo, es decir, “perdonando como Cristo perdonaba de la cruz estando”. Y por eso son mártires, es decir, «testigos, también del perdón de Cristo”. Con su muerte dieron testimonio de su fe, de su amor, de su perdón y de su esperanza.
Codina también ha recordado dos eventos importantes relacionados con el espacio martirial. El primero es que en este encuentro se inaugura un panel en cerámica instalado en el “Cubierto de la Mina”, obra de Josep Vilarrubias, en sustitución de la cerámica que había hasta ahora y que fue destrozada unos meses atrás. La nueva cerámica representa a María en actitud de escucha y de mirada interior, donde está escrita una frase que encontramos en el evangelio de Lucas: “María guardaba todo esto en su corazón” (Lc 2,19).
El segundo evento es que, en verano de 1997, hace 25 años, un grupo de jóvenes de procedencias diversas respondía de forma entusiasta a la invitación de Josep Vilarrubias a hacer un Campo de Trabajo para arreglar este espacio martirial. A todos ellos, «nuestro agradecimiento y homenaje».
Finalmente, el encuentro ha terminado con un pequeño refrigerio para todos los participantes.








