(Marta Millà i Bruch · 07/12/23) ¿Llegará alguna vez el Reino de Dios? ¿Llegará alguna vez este cielo nuevo y esta tierra nueva?
El Adviento no tiene respuestas; pero, es un momento para tomar conciencia. Es un tiempo de espera, de vela: “el Señor está muy cerca”.
El Adviento nos invita a andar y a entrar en el silencio, en la escucha y en la confiada y dinámica esperanza porque los deseos sinceros de paz, justicia y amor acontezcan realidad ante las guerras desenfrenadas, las desigualdades, el penetrante sufrimiento de tantas personas, los gritos y los gemidos de la tierra.
El Adviento nos alienta a huir de los llantos, de la tristeza, y nos descubre el gozo que brota del interior. Isaías nos dice: “el Señor hará germinar el bienestar y la gloria ante todos los pueblos”. Por eso, el gozo auténtico del Adviento, es el que nos hace salir de nosotros, es el que nos sitúa junto a los pobres, de los desvalidos porque la Buena Nueva está aquí. Es el gozo de la acogida, de la humildad y del ser para los otros. Se nos acerca el Señor, no con pompa y esplendor, sino al establo. Esta presencia divina y oculta en la sencillez y la pobreza es nuestra fuente de gozo.
El Adviento nos recuerda que el amor y la compasión de Dios nos abraza siempre.
Cómo dice Karl Rahner en su libro sobre el significado de la Navidad:
“Dios ha dicho al mundo su última, más profunda y bella palabra en una Palabra hecha carne, una Palabra que ya no se puede echar atrás porque es el acto definitivo de Dios, Dios en el mundo. Y esta Palabra significa: os estimo a ti, mundo, y a vosotros, seres humanos”
Y, para acabar con música, os invito a escuchar un nuevo fragmento de la Cantata número 36 de Johann Sebastian Bach que escuchamos durante el receso de Adviento. La aria de la soprano nos ayuda a comprender que no hay que gritar porque el Señor nos escucha; el Señor escucha los desvalidos, los corazones doloridos, los cautivos, quienes no tienen voz…
“Un simple sonido de nuestro espíritu, es para Él un estrépito
que al cielo mismo escuchará”








