A través de los Ejercicios espirituales, Ignacio de Loyola somete la meditación religiosa a un método; favorecen una experiencia mística integradora en la medida que descubren la sacralidad del mundo y su diafanidad. En la nueva edición bilingüe catalán-castellano de los Ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola (Fragmenta editorial), con introducción de Josep M. Rambla, SJ, y anexos de Xavier Melloni, SJ, y Roland Barthes, están las orientaciones para la persona que «da los ejercicios» y las que esta persona tiene que aplicar y enviar a quien «hace los ejercicios».
Qué aportan los Ejercicios, que tienen plena vigencia y éxito?
Son una ayuda para crecer en la adhesión personal a Cristo con objeto de seguirlo personalmente. Por lo tanto, son unas orientaciones para «hacer ejercicios» con objeto de vivir un cristianismo más maduro, más personal, más comprometido.
Por qué nos hacen crecer en la fe?
Los Ejercicios, pues, constituyen una pedagogía espiritual o curso; no son conferencias. La persona que hace los ejercicios pasa largas horas de oración; es decir, de relación muy personal con Dios, de reflexión sobre la propia vida, de reconocimiento de la acción de Dios en su corazón y de renovación de las propias actitudes personales. De este modo, con la gracia de Dios, que lo es todo, va avanzando en el camino de su fe personal.
Cuáles son los ejes centrales en los cuales giran?
El eje principal de los Ejercicios es el Cristo, porque el practicante se pasa la mayor parte del tiempo contemplándolo en su vida, pasión, muerte y resurrección. Y va tratando de adherirse de todo corazón y con todo el ser. A partir de esta relación viva con el Cristo, el practicante se va transformando profundamente y va reconociendo el camino por donde seguir el Señor, de manera muy personal en la vida de cada día.
Òscar Bardají i Martín| Full dominical








