(Anna Saumoy, O.D.N.·28/12/22) Al inicio de la década de los años 80 había en el barrio del Raval varias comunidades de vida religiosa, algunas vinculadas a instituciones educativas, otras habían llegado hacía poco con el deseo de compartir la vida del barrio y colaborar en las obras de otros, también había algunos religiosos y laicos que, a pesar de que no vivían al Raval, a título individual colaboraban en instituciones del barrio, como por ejemplo, a la Fundación Escó.
Todos ellos eran personas muy sensibles verso los problemas personales y estructurales del barrio, conocían bien la realidad y buscaban dar respuestas desde sus instituciones, dedicación pastoral, servicios diversos de asistencia social y acompañamientos educativos.
Fruto de las relaciones personales en las que compartían estas preocupaciones, buscando complementar y unir esfuerzos en favor de los más débiles, surgió la necesidad de encontrarse, reflexionar juntos, rezar juntos y celebrar la vida. Empezaron a encontrarse mensualmente para celebrar la Eucaristía y compartir la problemática de los colectivos vulnerables. Inicialmente, estaban limitadas a quienes vivían en el barrio del Raval, con la venida otras congregaciones a Ciutat Vella, se amplió al Gótico y a la Barceloneta.
En esta época hubo un brote de tuberculosis en el barrio y la Fundación Escó, para que los niños no se quedaran sin la comida escolar durante el verano, organizó un comedor durante los meses de vacaciones y más tarde lo fue ampliando con un Casal, servicio de revisión médica y acompañamiento de las familias. Los religiosos se implicaron intensamente y junto con otros voluntarios hicieron una gran tarea de prevención y detección de la enfermedad, desnutrición, maltrato… Para poder atender los niños organizaron Campos de Trabajo con jóvenes y, a la vez que los orientaban sobre la tarea educativa, los acompañaban, reflexionaban y rezaban con ellos.
Como que la mayoría de comunidades religiosas vivíamos carismas educativos, empezamos a buscar soluciones para los niños, niñas y jóvenes de la calle. Había muchos que eran absentistas escolares, sobre todo al acabar la Educación Primaria. De aquí salió la idea de Cintra, una escuela de ESO adaptada a la situación de cada adolescente para preparar a aquellos que no encajaban en las estructuras escolares y darles la posibilidad de ir a una Formación profesional o acceder en el mundo laboral. Cintra fue asumida por 42 congregaciones a través de la URC.
Unos años más tarde nuestra preocupación se dirigió a la problemática de la inmigración y se creó Benallar para atender a las familias que se veían obligadas a dejar su tierra para buscarse la vida y no podían hacer frente a los gastos de una vivienda.
El grupo de religiosos y religiosas de Ciutat Vella cuenta ya con 41 años. Hoy lo integramos, además de las comunidades que vivimos, algunos religiosos que han sido enviados a otros barrios y no se quieren desvincular, algunos laicos y laicas que colaboran con nuestras comunidades o instituciones y algún sacerdote presente en la zona. Formamos un grupo cohesionado, de unas 25 personas, que cada curso se abre para aceptar nuevas y para despedir otras; que celebra la Eucaristía desde la vida cotidiana compartida con los pobres y excluidos, informándonos de las incidencias y celebrando las buenas noticias, compartiendo la cena y las festividades. Lo hacemos recorriendo por turno las casas y pisos de las comunidades, tanto si es en salas grandes de nuestras instituciones como si es en los comedores de nuestros pisos.
Estos encuentros son esperados por todos y todas, refuerzan nuestra amistad y sueño un ejemplo de sinodalidad que nos han hecho avanzar en la dinámica de participación entre nosotros y los laicos con los que trabajamos.








