(Llorenç Puig, sj. Secretario de la URC) Hoy celebramos el día de Pascua, día del Paso del Señor de la muerte a la Vida, una Vida que nos da vida a nosotros, una Vida nueva que hace a Jesús próximo y presente en nuestras vidas. Un Jesús que se identificará con los pequeños: ‘el vaso dado a este pequeño a mí me lo estáis dando, la visita al enfermo o al preso a mí me la hacéis’… Un Jesús que se identifica con los sufrientes: ‘Saulo ¿por qué me persigues a mí, que me identifico con mis hermanos a quienes persigues?’. Un Jesús que se hace próximo a nosotros de una manera nueva: ‘yo estaré cada día con vosotros hasta el fin del mundo’.
Sí, hoy no celebramos un revivir de Jesús como el de Lázaro. Hoy celebramos la entrada de Jesús en una nueva dimensión de la Vida: la de Jesús Pasqual que rompe el espacio y el tiempo para hacerse presente, como Señor, en todo lugar y en todo momento.
¿Y si, en esta Pascua, educamos nuestros ojos, para ver a este Jesús viviente que sigue interesándose y haciéndose presente en las personas descartadas, ignoradas, pequeñas, olvidadas? ¿Y si, en esta Pascua, ponemos colirio en nuestros ojos para ver que Jesús se hace presente en aquellas personas de nuestro mundo que son ‘su familia’, la familia de los que cumplen la voluntad del Padre de tantas maneras, en servicios a los demás, en la construcción de un mundo más fraterno, más humano, más cordial, en la educación generosa de los pequeños, en el cuidado de los mayores, en el acompañamiento a los desesperados?
¿Y si, en esta Pascua, dejamos que el Señor nos haga unos ojos nuevos para reconocer el presente, tal y como hizo con los primeros discípulos de Emaús, que no lo conocieron hasta después de hacer todo el camino con él, y que no lo reconocieron hasta que hizo aquel gesto tan de Jesús de partir el Pan de su vida para que llegara a todos?








