(A. Flama · Xavier Pete · 6/09/23) El próximo 9 de septiembre será una de las fechas más especiales para la vida del novicio Lluís Busto de Moner (Barcelona, 1996), puesto que profesará sus primeros votos para la Compañía de Jesús en la Basílica del Santuario de Loyola, en Azpeitia (Guipúzcoa, País Vasco). Pasada esta fecha, continuará el proceso de formación en la orden ignaciana, que incluye otras etapas, pero, desde la capital catalana y antes de poner rumbo, ha atendido esta entrevista, “la primera que hago en la vida“, reconoce.
Aunque se sepa poco de usted, es conocido que es un enamorado de la música.
¿Cómo lo sabe? [Rie].
Explique, explique.
Pues todo empieza en Chicago, donde yo estudiaba un doctorado en Química, aunque siempre haya estado vinculado, a la música (sobre todo en el ámbito de la fe, teniendo en cuenta que mi educación ha sido jesuítica). De hecho, un amigo mío y un servidor creamos un grupo musical con el nombre de Loiola. Pero fue en Chicago donde conocí a un jesuita que, a pesar de encontrarse a punto de morir a causa de una dolencia grave, me ilustró con un poema que tituló Nos faltan héroes y que me atreví a musicar.
Tengo entendido que recibió una beca para ir, a Chicago, pero el segundo año decidió volver. ¿Es así?
Sí, así fue. El testimonio de este jesuita del que hablaba antes hizo que lo viera todo más claro, puesto que el proceso surgió mucho antes. Renuncié a cosas que, en mi vida ya eran positivas, por supuesto (como una pareja sentimental), y me vine hacia España, concretamente, al noviciado de Bilbao. Dejé una vida cómoda y estable para ser jesuita y entregarme a Dios.
¿Cómo ha vivido los ejercicios espirituales?
Son la experiencia nuclear de todo jesuita. Se hacen dos veces, en el noviciado y cuando ya hace unos años que eres jesuita, y, para mí, esta primera ha sido una profundización grande en el Señor y en mi vocación.








