(Marta Millà i Bruch · 29/02/24) Cuaresma, Fastenzeit, en alemán, o bien, Lent, en inglés. Tres maneras diferentes de denominar el camino hacia la Pascua. Estamos acostumbrados al significado más literal del término: los cuarenta días en el desierto. Pero, hay otras maneras de denominar a este periodo que nos acercan a un contenido descriptivo y no cuantitativo de estos días. La lengua alemana nos hace una clara descripción: “tiempo (Fasten) de ayuno (Zeit). El término inglés nos describe este tiempo como un momento de mirada puesta en el futuro y llena de esperanza porque Lent es la palabra que expresa como se alargan ya los días y empiezan los nuevos brotes de plantas, árboles frutales y flores.
Cuando Georg Steiner se pregunta: “¿Habrá un domingo para el hombre”?, tenemos que creer, como él mismo nos dice, que sí. Que por los que creemos y queremos vivir en la alegría del amor, no en la alegría superficial y apoyada en aquello caduco, efímero, presuntuoso, aparente o frívolo… Sí: “Hay un domingo para el hombre”.
En la claridad de la Pascua, de este Domingo, llegamos a través del kairós vivido en el desierto, en la montaña, en la ciudad. Y, poco a poco, podemos ver como los nuevos brotes de este tiempo cuaresmal que nos encaminan hacia la Buena Nueva.
Es un momento de vivir y recuperar aquello que es esencial. Podemos encontrar el sentido del voto de pobreza en el desierto. Desnudarnos de aquello superficial y artificioso que nos aleja de la humildad y la verdad. En la montaña, podemos profundizar en la obediencia: escuchar el otro, recibir su contraste a nuestras acciones o pasividades, dejarnos penetrar por la Palabra desde la atención más profunda. Y, la castidad es el voto que podemos vivir en plenitud en nuestra “ciudad”, en nuestra Jerusalén. Porque es la entrega que engendra amor fecundo en todas las situaciones de este mundo que sufre. Y todo esto, con Jesús y en comunidad. Porque no andamos solos y creemos, de verdad, que a la Pascua se llega en Fraternidad.








