Entre los actos del día de la Vida Consagrada que se ha celebrado en todos los obispados catalanes, este viernes el cardenal Joan Josep Omella presidió la celebración con la Unión de Religiosos de Cataluña en la Catedral de Barcelona. La celebración eucarística de la Candelera contó con la participación de miembros de varias congregaciones e institutos de vida religiosa, con un significativa presencia de las femeninas.
El presidente del URC, el claretiano Màxim Muñoz, hizo una intervención inicial en la que destacó la responsabilidad de las personas consagradas de “dar un testigo dichoso” de la doble tarea que realizan: “la de encontrarnos con el amor de Dios y la de entregarnos generosamente y arriesgadamente a los más necesitados”.
La homilía del arzobispo de Barcelona agradeció el testimonio que realiza hoy la vida religiosa, «un regalo por la vida de la Iglesia». El cardenal Joan Josep Omella destacó la singularidad de haber «dicho sí y hacer de vuestra vida una ofrenda permanente al Padre, de desposeerse de todo porque Dios ocupe toda vuestra vida» y «para poder transparentar el amor misericordioso de Dios». También pidió a los religiosos «una renovada pasión misionera: no es una opción para nosotros mismos, estamos aquí porque cada persona abatida pueda encontrar Jesús».
En las plegarias se tuvo presente las diversas formas de Vida Consagrada, las personas que sufren, los jóvenes en discernimiento y las autoridades en estos momentos tan delicados para el pueblo catalán. Durante la celebración también se renovó públicamente la profesión de los religiosos y religiosas que asistieron.








