El cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, en representación del papa Francisco, ha presidido este sábado por la mañana en la basílica de la Sagrada Familia la beatificación del 109 mártires claretianos. Esta es la primera beatificación que se hace a la Sagrada Familia, desde que fue consagrada en 2010. También es la beatificación más numerosa de mártires de una sola congregación religiosa.
En la celebración de la Basílica de la Sagrada Familia han asistido 3.000 fieles, y han concelebrado treinta obispos de todo el mundo y más de 300 curas. El cardenal arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella, y el Superior General de los Claretianos, el padre Mathew Vattamattam, han sido los concelebrantes principales.
“No tenemos miedo”
En la homilía, el cardenal Amato ha empezado recordando con el grito de “No tenemos miedo” que se escuchó en las calles de Barcelona después de los atentados de agosto: “El terrorismo quiere infundir miedo pero el pueblo responde con una sola voz: ‘no tenemos miedo’”. Es una muestra de como “el hombre tiene vocación a la vida y no a la muerte, al amor y no al odio”.
Amato ha recordado que las persecuciones de los cristianos han estado presentes desde la época romana y que continúan hoy en muchos países. Todos los mártires por la fe son una muestra de que “nada puede separarnos del amor de Dios” y de como “el amor siempre vence el odio”. En este caso, ante “la epidemia de muerte y destrucción los 109 claretianos reaccionaron con la eficaz arma del amor y del perdón. No tuvieron miedo” y son “109 testigos heroicos del Evangelio”.
“La única venganza cristiana es el perdón a los enemigos, no proponer el odio sino la eterna ley cristiana del amor”, ha remarcado el cardenal. “Nos conforta la fortaleza y dignidad de todos los religiosos que asesinaron; ninguno adjuró de su fe” porque “no tenían miedo y demostraron en el mundo que el bien vence al mal”.
Encuentro de la familia claretiana y familiares de los mártires
Entre los asistentes, había más de un millar de familiares de los 109 mártires y representados de las poblaciones de origen, entre ellos una docena de alcaldes. De los nuevos mártires 73 son nacidos en Cataluña, 14 en Navarra, 4 en Huesca, 5 Burgos, 2 en Logroño, 2 en Palencia, 2 en Zaragoza, 2 en Teruel, 1 en Álava, 1 en Cádiz, 1 en Madrid, 1 en Valencia, y 1 de Auch (Francia).
A los actos de beatificación han asistido claretianos de todo el mundo, entre ellos catorce obispos claretianos. Nigeria, Guinea Ecuatorial, México, Honduras, Panamá, Colombia, Venezuela, Bolivia, Argentina, Chile, Perú, Estados Unidos, Canadá, Korea o Indonesia son algunos de los países que estarán representantes a la beatificación. Además participarán claretianos de todo Europa y los representados de los organismos de coordinación internacionales de los Misioneros Claretianos de los cinco continentes y del gobierno general.
Además de los obispos claretianos de todo el mundo, también han concelebrado los obispos catalanes y de otras diócesis de España a las que estaban vinculados los 109 mártires, los abades de Montserrat y Poblet, y el nuncio Renzo Fratini. El Gobierno de la Generalitat de Cataluña ha sido representado por la consejera de Gobernación, Administraciones Públicas y Vivienda Meritxell Borràs, delegada por el presidente de la Generalitat.
Ritos de beatificación
Al principio de la eucaristía se ha celebrado el rito de beatificación que proclama los 109 mártires e inicia el culto público a los nuevos beatos. El cardenal Omella ha hecho la petición publica de la beatificación y el vicepostulador de la causa, el padre Manuel Casal, ha resumido los motivos que lo han impulsado: “Se trata de sacerdotes, hermanos laicos y estudiantes que, en los trágicos acontecimientos de la guerra civil española de 1936 a 1939, sufrieron, en nombre de Cristo, una muerte violenta, sólo por haberse mantenido fieles a su vocación cristiana y religiosa”. El padre Casal ha remarcado que “desde lo más profundo de esta intransferible identidad, supieron ser fieles al sí pronunciado el día de su profesión religiosa”.
Después de la petición, el cardenal Amato ha leído públicamente la Carta Apostólica del Papa Francisco. El texto es lo la aprobación del papa de la beatificación y establece el 1 de febrero como fecha para celebrar la festividad: “Damos facultad porque los Venerables Sirvientes de Dios: Mateu, Teófilo, Ferran y 106 compañeros, de la Congregación de los Misioneros Claretianos, testigos heroicos del Señor Jesús hasta derramar la sangre, de ahora en adelante sean llamados Beatos y se pueda celebrar cada año su fiesta, en los lugares y maneras establecidos por el derecho, el día 1 de febrero”.
Icono y reliquias de los mártires
La imagen de los nuevos beatos y la exposición de sus reliquias, son el momento más relevante de la ceremonia. Es la manera que por primera vez se hace un culto público a los nuevos beatos.
Después de la lectura de la Carta Apostólica, ha llegado el momento más emotivo de la celebración en el que se ha descubierto en el altar un gran icono del mártires con el canto de “Christus vincit” y aplausos. La imagen es una representación simbólica de los 109 mártires donde el centro es Corazón de Maria, la Virgen María, centro también de la espiritualidad claretiana.
La autora del icono es Laura Alberich, una pintora que hace reproducciones de imágenes románicas sobre madera usando la misma técnica que usaban los monjes a la edad mediana. En las ceremonias de beatificación se acostumbra a mostar la imagen de la persona beatificada. En este caso, Laura Alberich no ha reproducido los 109 mártires sino que lo ha adaptado a las representaciones icónicas de los claretianos, como son las llamas. Las llamas indican como San Antoni Maria Claret pedía a los misioneros que “ardieran en la caridad”.
Las siete llamas más grandes representan las siete comunidades a las pertenecían los mártires: Cervera – Mas Claret y Solsona (60), Barcelona (8), Sabadell (8), Lleida (11), de Vic y Sellent (15) Castro Urdiales en Santander (3) y de Valencia (4). Sólo aparece la imagen de los 3 beatos que encabezan la causa y la del padre Claret, obispo y fundador de la congregación.
Justo después de la proclamación, se ha iniciado una procesión con una arqueta que contendía las reliquias de algunos de los mártires. La arqueta se ha situado ante el altar presidiendo la celebración.
La mayoría de restos de los mártires se ha ido agrupando en el Panteón que tienen los Misioneros Claretians en el Cementerio de Cervera. Un grupo importante continúa reponiendo en el cementerio de Lleida en una fosa común donde fueron enterrados con otras víctimas de la Guerra. También hay otros mártires enterrados a la cripta del templo sepulcro de Sant Antoni Maria Claret en Vic, y en otras iglesias en Sellent, Solsona y en Tàrrega, donde hay el mausoleo del hermano Saperas. En otros casos, a pesar de que hay testigos de su muerte, no se conserva ningún resto, bien porque sus cuerpos fueron abandonados o bien, como en el caso de Mas Claret, porque fueron quemados.
Cardenal Omella: testigos valientes y humildes
Al acabar la celebración, el cardenal Omella y el padre Vattamattam han pronunciado unas palabras de agradecimiento, dirigidas también al papa Francesc por haber aprobado la beatificación.
El arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella, ha destacado que los mártires “Fueron testigos de firmeza en la fe, de perdón, de amor a Jesucristo y a la Iglesia, de reconciliación en unos tiempos convulsos y de esperanza en la vida eterna (…) ojalá supiéramos acoger y vivir en nuestras propias vidas y en este momento de nuestra historia”.
El cardenal Omella también ha pedido que “el testigo de estos testigos valientes y humildes, que mueren perdonando e implorando la paz para el mundo, nos ayuden a vivir generosamente nuestra fe, también en estos momentos de nuestra historia. Que nos ayude el Señor a ser portadores de paz, de reconciliación, de amor y respecto a todas las personas, favoreciendo siempre ámbitos de diálogo, de conocimiento mutuo y de entente”.
Vattamattam: La alegría del Evangelio
El último agradecimiento lo ha hecho el padre Vattamattam, superior general de los claretians. Ha presentado los nuevos beatos como ejemplos de alegría: “La alegría del Evangelio es un don a la fe cristiana. Nuestros misioneros, a pesar de los sufrimientos, murieron con alegría“. Y ha explicado que “hoy nos alegramos con ellos porque fueron fieles hasta el fin” y porque “nos muestran el camino de la fidelidad al Evangelio”.
“Los mártires existen y nos recuerdan que la verdadera fe se mide por la capacidad de dar la vida para los otros“, ha afirmado Vattamattam para pedir que su testigo sea semilla de nuevos misioneros.
El Superior General ha agradecimiento especialmente al cardenal Omella la acogida a la diócesis barcelonesa para celebrar estas beatificaciones, y también la colaboración generosa de la Sagrada Familia en la organización.
Actas de la beatificación
Los actos de celebración de la beatificación del 109 mártires claretians han empezado este viernes 20 de octubre al atardecer al Santuario del Corazón de Maria de Barcelona. El primer acto que ha reunido la familia claretiana ha sido un velatorio de plegaria presidida por el Superior General de los Misioneros Claretians, el padre Mathew Vattamattam, al Santuario del Corazón de Maria de Barcelona. Domingo a las 11 se hará una misa de Acción de Gracias al Santuario del Corazón de Maria presidida por el cardenal Joan Josep Omella.
Los 109 mártires fueron asesinados debido a la fe y de la condición de religiosos al inicio de la Guerra Civil, la mayoría en Cataluña. En las celebraciones se hace hincapié en la reconciliación y en el testigo de quienes murieron para no renunciar a su fe y ofrecieron el perdón.








