(D. Anunciata · 17/10/26) El pasado 1 de octubre, nuestra comunidad educativa y el pueblo de Canet de Mar, con la representación de varios regidores y del alcalde, quisimos parar el reloj para rendir un sentido y merecido homenaje a las Hermanas Dominicas. Fue un día para mirar atrás con orgullo y agradecimiento, y para reconocer todo aquello que nos han legado.
Hay huellas que no se borran nunca, porque están hechas de vocación, de entrega y de amor por la educación y el acompañamiento de los más jóvenes. Esto es, precisamente, lo que las Hermanas Dominicas han dejado en Canet de Mar a lo largo de 163 años de historia ininterrumpida.
Generación detrás generación, su presencia ha sido mucho más que una institución educativa: ha sido un hogar de valores, un espacio de conocimiento y una comunidad donde cada alumno se ha sentido acogido y acompañado, y ha encontrado el impulso necesario para crecer como persona. Desde las aulas, con discreción, constancia y una inmensa generosidad, han educado la cabeza y el corazón de miles de canetenses, dejando una impronta imborrable en sus vidas.
Durante el acto de despedida, estas palabras recogieron el sentimiento de toda una comunidad y expresaron el agradecimiento por una historia compartida que continuará viva en la memoria de la escuela y del pueblo.
«Pero, por encima de todo, nos encontramos para decir una palabra mucho más grande y profunda: gracias.»
Fragmento del discurso de despedida a las Hermanas Dominicas
Ahora, a pesar de que emprenden nuevos caminos y nuevos destinos, sabemos que continuarán llevando la misma luz allá donde vayan. Marchan de Canet, pero una parte de ellas se queda por siempre jamás en la memoria y en el corazón de este pueblo. Porque hay legados que el tiempo no borra y vínculos que ni la distancia puede romper.
Gracias, Hermanas Dominicas, por estos 163 años de dedicación, aprecio y compromiso con Canet de Mar.
Comunidad educativa y pueblo de Canet de Mar








