(Sor Rosa Sanz HC) El fin de semana, del 13 al 14 de mayo, las hermanas de las promociones de los años 1988 al 92 de la Compañía Hijas de la Caridad de toda España, tuvimos un encuentro interprovincial en Madrid, para celebrar todas aquellas que llevábamos entre 29 y 35 años de vocación.
Las jornadas se celebraron en la casa José Abascal y fueron a cargo del padre Luis A. Gonzalo Díez, claretiano, docente, teólogo y Director de la Revista Vida Religiosa. Él fue el conferenciante que condujo los temas de reflexión, presentándose de entrada como “un compañero de camino y amigo de las hermanas”.
“Nos queda mucho por recorrer”
En su exposición aseguró que a la vida consagrada le queda mucho por recorrer y que a su futuro le pide que sea “potente y vigorosa”. “La comunidad que viene es toda una aventura – dijo-. No nos la podemos imaginar desde nuestra comunidad que es ahora. Sino ser capaces de salir del planteamiento en el que estamos. Tenemos que consensuar unas pistas para diseñar la comunidad que viene”. “Es una cuestión de enamoramiento, es un cambio de corazón”.
Desde la reflexión del padre claretiano se reflexionó cómo nuestras Instituciones, vienen de experiencias de fuerza, y gracias a la voluntad esta Compañía se ha hecho muy grande. Pero, ahora nos toca abrazar la debilidad. Tal y como se dijo en la ponencia “son momentos difíciles, no tenemos que competir entre nosotros, sino ayudarnos y querernos”. Es una pasión que no tiene que ver con la vocación. Para soñar una comunidad diferente, tenemos que entrar en un terreno delicado, porque nuestros afectos, afectan a todo, a leer de manera determinada, sentir, vivir, pensar”.
En este sentido, se insistió en “trabajar en equipo” vinculados al corazón. “Somos Instituciones que cada uno han querido por separado y no tiene que ser así”. Tenemos que encontrar “Pistas para este nuevo diseño”, dijo el ponente.
Así pues, en esta línea se nos va invita a apostar por un liderazgo con “visión, para analizar en conjunto y no abrumarse por una tontería”. La Vida Consagrada, necesita crecer. El problema es de sentido. Ámbitos comunitarios que den vida.
Comunidad eres tú con las hermanas
“¿A qué denominamos momentos centrales? ¿Lo estoy viviendo con mis hermanas? ¿Los momentos que se comparten son vida? ¿Quién es comunidad? Con estas cuestiones deducir que comunidad eres “tú con tus hermanas, puesto que “la vida comunitaria se sostiene el Amor. Con todo, las procedencias son diferentes hoy en día y el concepto de vinculación, pertenencia ha cambiado. “La pertenencia, no es solo jurídica, sino también es un enamoramiento”.
Proceso Sinodal
En relación al Sínodo, durante la jornada se profundizó en el proceso Sinodal que vivimos. “Un proceso en el que el diálogo y la escucha es necesaria”. En este sentido, el padre Luis A. Gonzalo Díez insistió en “trabajar mucho la integración contigo y conmigo”. Ser capaces de hacer una vida agradable y no imposible a los demás. “Entender que la otra persona está buscando lo mismo que yo”.
Siguiendo uno de los llamamientos del Papa Francisco señaló que “falta valentía en el discernimiento, más entrega y honestidad”. Un ejercicio interior y fraterno para ver que en la comunidad no sólo es importante lo que hacemos, sino conocer las personas.
Después de la exposición teórica, las hermanas pasamos a la práctica. Divididas por grupos reflexionamos grupalmente sobre diferentes preguntas en relación en la vida comunitaria, no sólo con las hermanas sino también con otras vocaciones, laicos, presbíteros, otros consagrados, etc.
El resultado del encuentro de los grupos fue muy rico. Reinaba la autenticidad y la valentía, para expresar que hay que salir de la mediocridad y de la rutina, para generar momentos de calidad y no de cantidad. “Espacios comunitarios con oxígeno, porque todos queremos y me lo tengo que creer que el estado natural de la vida consagrada no es la crisis sino la ESPERANZA”.
Conclusiones de un encuentro fraterno
No sabemos qué nos ofrecerá el futuro, pero que no desaparezca el Misterio de la Fraternidad, esto es lo que tiene referente, acogida y es signo. Esto es, Reino de Dios. Es estar fabricando fraternidad, en medio de tantas fracciones. La cultura del encuentro es esencial, tenemos que ser testimonios del abrazo.
Entre las diferentes claves a tener en cuenta, se se destacó el diálogo con la sociedad, la atención de las personas que no son atendidas. “Convertir la vida doméstica en misión, es vocación al servicio del reino, y es donde tenemos que estar”. Por eso, se insistió que se exigen nuevas maneras, más impermeables, más capaces de vivir con otras, sentir con otras. No el protagonismo del bien, sino detectores del Bien y apoyarlo.
La gran tarea de la Vida Consagrada es reinventarnos para desterrar la indiferencia que carcome la esperanza y hace viejas tantas propuestas de innovación y de vida.
Agradezco a Dios iy la Compañía haber podido participar en este encuentro, y como todas nosotras volver a nuestras comunidades con un nuevo impulso misionero lleno de ESPERANZA.








