(P. David Guindulain) La llegada del Adviento desvela en mi imaginario una escena doméstica. Al atardecer, hace frío y los de casa están reunidos alrededor de la sola fuente de calor disponible. Hay alguien que explica un cuento. Lo hace tan suyo que acaba siendo de todos, como una sabiduría que se convertirá en un nuevo referente para los de casa.
El Adviento es tiempo para explicar y para escuchar cuentos. Tiempo de prescindir de las pantallas unipersonales y pasar a la atención compartida; de #imaginar, por unos instantes, fuera del ahora y aquí, de la mano de unos protagonistas, con la esperanza de que después, seamos tan sabios como ellos. Puesto que el cuento ayuda a resolver las urgencias sin ansiedades, con la eficacia de los héroes que finalmente ganan ¿Cómo lo harían ellos ante tantas urgencias como las que experimentamos hoy? El desorden ecológico, la proximidad de la guerra, la amenaza de la pandemia, la pérdida de ilusión por el porvenir, el aislamiento en mi propio mundo, la desafección, el envejecimiento, la aceleración,…
En medio de este mundo, a los religiosos y religiosas se nos ha dado la gracia de saber explicar cuentos con todo lo que somos. Si conviene, incluso, con palabras. Yendo contra corriente de lo que es lo más normal del mundo, la vida religiosa es un paréntesis explicativo de lo más real de esta historia: hay una fraternidad posible que viene de Dios, y ya ha empezado.
Nuestra vida tiene que ser el relato que haga entender a nuestros contemporáneos la bondad de la vida en Cristo. Con el Adviento recibimos una nueva oportunidad de retomar con nuevo aliento el relato. Como aquellos pastores que contaron todo lo que los habían anunciado de aquel niño fajado en pañales y puesto en un comedero.
El Adviento nos permite ser más conscientes de la actitud sinodal a la que estamos llamados en la Iglesia. El Adviento es caminar juntos para encontrar al Niño en el comedero con su madre, tal como hicieron los sabios que venían de Oriente, como los pastores que dormían al raso. Este niño que quiere nacer en nosotros y entre nosotros, nos habla de la nueva vida en Cristo que aspiramos encarnar.








