(Marta Millà i Bruch · 17/05/24) “Ven, no me hagas esperar más, ven, dulce viento del cielo, sopla a través del jardín de mi corazón!” Cantata 172 J. S. Bach
Estos días nos encontramos ya en las celebraciones que son la culminación del tiempo Pascual: la Ascensión, Pentecostés y la Santísima Trinidad. Dios nos envía su Espíritu hacia nuestro interior y nos empuja, nos mueve y prepara nuestra alma como Templo sagrado para estar a punto para la Trinidad y vivir desde el dinamismo del Amor: Jesús se eleva, el Espíritu baja y nosotros, como “comunidad armoniosa”, como dice el Papa Francisco, salimos puertas afuera. Comunidad que es Iglesia arraigada en Cristo, pero vivificada en el Espíritu.
San Irineo hablaba de las “dos manos del Padre”, de las dos misiones: la misión del Hijo y la misión del Espíritu. Dos misiones diferentes: la primera, misión concreta y arraigada en la historia; la otra, la del Espíritu, novedad y sorpresa que nos hace respirar aliento nuevo cada día que estrenamos. Pero, a la vez, son misiones complementarias. Y es por esta complementariedad, que los criterios para saber si una acción viene sellada por el Espíritu los encontramos en los criterios de la acción de Jesús:
Donde hay el poder del dinero, de la política, del sexo, de las armas… allá no está el Espíritu
En cambio:
Donde está la Palabra, la escucha, el amor… allá está el Espíritu, el Evangelio.
Donde hay acciones humanas que tengan como objetivo el bien del más pequeño, el más pobre, allá está el Espíritu.
Donde se construye unidad, pero desde los diferentes carismas y el respeto hacia aquello que es diferente, allá está el Espíritu.
Donde hay gestos de reconciliación, donde se produce el abrazo fraterno, allá está el Espíritu.
Donde hay sonrisas de bondad, la confianza de un buen amigo o amiga, la esperanza, la ilusión, el anhelo de un mundo justo… allá está el espíritu.
En definitiva, donde hay “bienaventuranza”: la bienaventuranza de los pobres en el espíritu, la de quienes lloran, la de los humildes, la de los que tienen hambre y sed de justicia, la de los compasivos, la de los limpios de corazón, la de los que trabajan por la paz, la de los perseguidos por el hecho de ser justos… Allá, está el Espíritu y se nos da la verdadera Alegría.
¡Ven Santa Ruah, Ven Espíritu Santo!








