Estimadas y estimados,
recibid mi saludo más cordial. Después de mantener durante años una frecuente relación comunicativa, no quería acabarla sin unas palabras de agradecimiento y de despedida.
La junta directiva de la URC, entonces con el nombre de Comisión permanente, el 13 de junio de 2008 me nombró secretario general recogiendo el relevo del hermano Antoni Salat, también marista. Empecé el 1 de septiembre. La asamblea general me ratificaba el mes de noviembre. Después de tres cuatrienios, he pensado que era el momento del relevo. Mañana entrego el testigo al P. Llorenç Puig, jesuita, que lo recoge con ilusión y ganas de servicio, actitudes compartidas por la hermana María Rosa Olivella, salesiana, la nueva administradora, y la hermana Ana Mª Díaz, carmelita misionera, la nueva responsable del CEVRE.
La magia de la orden
Marie Kondo, japonesa, es la autora de los libros «La magia de la orden» y «La felicidad después de la orden». Los leí en su momento. El más impactante es lo primero, auténtico best-seller traducido a muchos idiomas. Este libro puede ser mal interpretado cuando se reduce a unas técnicas bastante radicales e interesantes de ordenar las cosas. Contiene un fondo, un sentido de la vida, que va más allá del orden material. Los que tenemos que cambiar de vez en cuando, sabemos bastante bien que la nueva misión a menudo exige pasar por la criba las cosas acumuladas. Romper, tirar, dejar… Gabriele Romagnoli sirve de referente a través de su libro muy sugerente: «Viajar ligero: La vida con equipaje de mano». Reconozco que no me es fácil. También me viene a la memoria otro libro fascinante como «Las voces del desierto», de Marlo Morgan. Estos dos libros tienen mucha relación con el viaje iniciático que a menudo las personas realizamos en algún momento de la vida. La figura de Abraham es profundamente inspiradora: «Vete de tu país, de tu familia y de la casa de tu padre, hacia el país que yo te indicaré.» (Gn. 12,1)
En los últimos meses, especialmente en agosto, un poco comprimido a causa de la pandemia, he querido dejar en orden la sede de la URC. Como siempre, cuando repaso papeles, fotos, documentos digitales… revivo las historias, se me mezclan los sentimientos, recuerdo hechos que había olvidado, descubro cosas que me parecen nuevas como si las leyera por primera vez, me cuesta que la trituradora engulla determinados documentos de manera irreversible o que la papelera del ordenador condene al olvido miles de correos electrónicos.
Quisiera concretar en tres palabras esta amalgama de sentimientos: agradecimiento, perdón y compromiso. Las tres se dirigen fundamentalmente al Dios y Padre de Jesús. Toda acción de gracias, como el Magnificat de María, se extiende a todos, pero comienza y acaba en Dios. Esta es la clave de interpretación de todo lo que sigue.
El agradecimiento como don esencial
El día que celebré las bodas de oro de mi vida religiosa marista participé a la eucaristía parroquial. Al final, por indicación del rector, en medio de un grupo reducido bastante estable de feligreses, intervine dirigiéndoles unas palabras. Repetí tres que había dicho en la plegaria comunitaria de la mañana: agradecimiento, perdón y compromiso. Estas tres palabras se repiten hoy.
En esencia, la vida es un don, un regalo. No es desde el inicio una conquista. Los datos, que recoge el DNI y que constituyen mi identidad, no son el resultado de mis opciones. Casi todo me ha sido dado: padres, nombre, apellidos, lengua materna, nacionalidad, época histórica, físico… No he elegido ninguno de estos elementos. A partir de haberlos recibido, lo que haga con ellos sí que atañe a mi responsabilidad. Ahora empezamos a entender que los datos son propiedad de cada persona. No es extraño que los Estados y las empresas vayan como locos tras el control de nuestros datos. Las leyes de protección de datos pretenden defendernos de esta voracidad. En resumen: la vida es un don recibido y logra el máximo de su expresión cuando se transforma en un don para los demás.
La primera palabra es gracias. Querría explicitar algunos nombres por razones obvias, objetivas y que están más a mi alcance.
Gracias a las religiosas y religiosos que han asumido la presidencia de la URC: Cristina Martinez, teresiana, Màxim Muñoz, claretiano, y Eduard Rey, capuchino; o la vicepresidencia: Màxim Muñoz, M. Eulàlia Freixas, concepcionista, y Rosa Masferrer, religiosa de Sant Josep de Girona. También a los miembros de las varias juntas: Agustí Borrell, carmelita descalzo, Consol Muñoz, franciscana misionera de la Inmaculada Concepción, Eduard Pini, escolapio, Jacint Duran, capuchino, Josep Martí, lassalià, Llorenç Puig, jesuita, Lourdes Ruiz de Gauna, salesiana, M. Carmen García, religiosa de Sant Josep de Girona, Maria Rosa Masramon, dominica de la Anunciata, Mercè Arimany, hospitalaria de la Santa Cruz, Mireia Galobart, religiosa del Niño Jesús, Pascual Piles, religioso de San Juan de Dios, y Pilar Rovira, misionera de la Institución Claretiana. La secretaría general ha sido un observatorio magnífico de estas vidas entregadas a un proyecto compartido de forma intercongregacional, desde dónde he podido valorar y disfrutar de su dimensión espiritual y de su valía humana. ¡Qué regalo! Añado una pincelada a tres de estas personas, por diferentes motivos. Empecé ejerciendo con la hermana Cristina Martínez como presidenta, pletórica de entusiasmo, generosidad y trabajo en equipo. Me alegraba mucho que una mujer fuera la máxima representación asociativa de la vida religiosa en Cataluña, ponerme siempre a su servicio y, en algún caso, reivindicar su función cuando algunas estructuras externas no sabían dónde situarla. La segunda persona es el P. Màxim Muñoz, con quien he trabajado, codo con codo, durante sus tres años de vicepresidente y los ocho años de presidente. Su liderazgo sólido y sereno ha fortalecido el URC. En su última intervención a la asamblea general dijo refiriéndose a mí: “Creo que nos hemos complementado bastante bien.” No es difícil que así sea cuando disfrutas de confianza profunda y de complicidad con los objetivos. Finalmente, tengo un recuerdo especial por la hermana Lourdes Ruiz de Gauna, salesiana, siempre propositiva i colaboradora, que es la única persona difunta de las que he mencionado antes. Al cielo sea.
Gracias a los superiores/se mayores, a abades y abadesas, a priores y prioras, a delegadas y delegados permanentes por todo el que hemos compartido en los momentos buenos como en los momentos difíciles. En las asambleas o en otras situaciones particulares hemos trabajado muy bien, con ganas de aportar lo mejor para la vida religiosa. ¡Qué gozo!
Gracias también a los obispos de Cataluña, con los cual hemos mantenido reuniones bienales con espíritu de comunión eclesial y hemos enriquecido las relaciones mutuas con fluidez y apertura. Especialmente, con Mons. Romà Casanova, obispo de Vic, que es el enlace de la CET (Conferencia Episcopal Tarraconense) con la URC, que ha presidido las reuniones del SIRBIR (Secretariado Interdiocesano de Relaciones Obispos y Religiosos) y se ha hecho presente con muchas asambleas generales y acontecimientos más significativos de la Vida Religiosa. De manera extensiva, a los delegados episcopales de Vida Consagrada con el deseo que puedan recuperar el ritmo de reuniones que siempre han sido fuente de enriquecimiento mutuo.
Gracias a Noemí Pujol y a Olga Mª Sánchez, en épocas diferentes, por su disponibilidad y por la contribución diaria al funcionamiento del URC en tareas de secretaría. A Joan Tena por sus atenciones des de la conserjería. A Oriol Rius y Luiz da Rosa, por su aportación al web. También a religiosas que han dado sus servicios desde el voluntariado, como Mercedes Aldaz, salesiana, en funciones de secretaría, Dolores Taravillo, religiosa de Sant Josep de Girona, en asambleas, reuniones y jornadas de formación permanente, a María Ángeles Beloqui, franciscana misionera, en el aula del noviciado intercongregacional. Sin olvidarme del P. Ramon Olomí, claretiano, que ha sido mi supervisor económico en la presentación de balances y presupuestos en las asambleas generales. Gracias también a las religiosas y laicas del CSSCC (Centros SocioSanitarios Católicos de Catalunya), nuestras vecinas del piso de arriba, con quienes hemos mantenido unas magníficas relaciones.
Gracias a CONFER, a los religiosos y a las religiosas que han ejercido su servicio desde la presidencia, la vicepresidencia, la secretaría general, la administración y la coordinación de las regionales y diocesanas. Al personal laico y religioso de la sede central, siempre amable, eficaz y empático. He tenido muy buenas relaciones con todos ellos y ellas aplicando aquel criterio compartido: “La unidad en la pluralidad enriquece, la unidad en la uniformidad empobrece, no favorece el encuentro sino la exclusión” (Elías Royón). Este año que celebramos los 40 años de la creación de la URC como fusión de las ramas femenina y masculina de la vida religiosa en Cataluña, todos somos conscientes que la comunión solo es posible desde el respeto. No es fácil liberarse del clima impositivo que impera en la política y en la sociedad en lo referente a las relaciones interterritoriales, pero esta es la novedad evangélica: “Todos vosotros sois hermanos (y hermanas)” (Mt 23,8)
Gracias a las congregaciones religiosas que a lo largo de estos años han confiado en el proyecto intercongregacional de la formación inicial (prenoviciado y noviciado). Se ha conseguido una gran riqueza, que no se suele lograr por caminos particulares. Siempre hemos mantenido las puertas abiertas a todas las congregaciones, que han querido entrar. Con las personas responsables de la formación, maestras de novicias y maestros de novicios, hemos hecho una buena piña. Su responsabilidad es una de las más delicadas hoy en día dentro de su institución.
Gracias a las Dominicas de la Anunciata porque, a causa de su compromiso a favor de la formación, han querido participar de forma masiva a las jornadas de formación permanente organizadas por el CEVRE. La formación en ellas constituye una prioridad institucional. Su apoyo y su presencia tienen un valor inestimable. Han beneficiado indudablemente al conjunto de la vida religiosa.
Gracias a los Hermanos Maristas, que me han posibilitado entregarme a la URC con plena dedicación, considerándola una prioridad. En el fondo no es extraño porque todos los provinciales con sus consejos han patentizado una gran sensibilidad intercongregacional. También mis compañeros que han aceptado generosamente colaborar en algunos trabajos, como la elaboración de videos y otros proyectos al servicio del conjunto.
Gracias a las religiosas y religiosos que, a través de una palabra, de una sonrisa, de una llamada, de un correo electrónico, me han hecho llegar sus aportaciones, mensajes, comentarios, reflexiones, agradecimiento por los envíos del Horeb, el Servicio de Documentación o por otros motivos… siempre con el deseo de animar, estimular y mejorar.
Gracias a los medios de comunicación como Cataluña Cristiana, Radio Estel, Signes dels Temps, Catalunya Religió, Animaset, La Vanguardia, El Punt Avui… que. Con profesionalidad y afecto, se han hecho eco de personas y acontecimientos vinculados a la URC.
Me detengo aquí porque podría parecer más bien un listín telefónico. Solo puede dar gracias quién las ha recibido. Cada año, en la Memoria de la URC acababa con un agradecimiento expresado de este modo: “La URC agradece su contribución y disponibilidad a todas las personas que han hecho posible llevar adelante este proyecto común de servicio en la vida religiosa de Cataluña con su contribución y disponibilidad. En el corazón de Dios están sus nombres. Gracias.”
Otros símbolos eucarísticos, como el perdón y el compromiso
Las otras dos palabras a que me he referido antes son perdón y compromiso. Cada eucaristía (acción de gracias) empieza con el acto penitencial. Es famosa la frase de Pere Casaldàliga, recientemente muerto en Brasil: “Nuestras causas valen más que nuestra vida porque son las causas las que dan sentido en la vida.» A menudo, nuestra vida, la mía en concreto, no está a la altura de nuestra misión ni de nuestras causas. Por dos motivos. Primero, porque somos seres limitados, en contra del que anuncia una campaña pública reciente. En su obviedad 05 afirma: “Tienes derecho a no tener límites”. Esta formulación expresa la omnipotencia del deseo, pero no refleja la realidad. Ser humano es ser limitado. De esto soy consciente. Segundo, porque nos reconocemos pecadores. Un escrito del P. Adolfo Nicolàs, que ha adquirido una mayor divulgación a partir de su muerte en el pasado mes de mayo en Tokyo, se titula: “De la distracción a la dedicación: una invitación al centro”. Difundimos el texto a través de los envíos de la URC. Afirma que “el ego es la distracción número 1”. El URC no es una gestoría, sino un apostolado. La palabra perdón fluye del fondo del corazón cuando me doy cuenta que no siempre he actuado al impulso del evangelio, sino que he sido prisionero de estas distracciones que están siempre al acecho.
Cuando el papa Francisco, en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium sostiene que la realidad es más importante que la idea indica la importancia del compromiso. En palabras de Jesús: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,16). Tener cura de las realidades intercongregacionales, dedicar esfuerzos para construirlas a la luz del evangelio y en la perspectiva del Reino de Dios, generar respuestas de atención a los pobres y necesidades… favorece el desarrollo en profundidad de la vida religiosa. Esta tercera palabra es el compromiso. Podemos cambiar el lugar de actuación, pero no hemos de debilitar nuestro compromiso. Ahora dejo una función realizada en estos últimos años, pero tengo que continuar mi compromiso desde otra plataforma.
A una gran crisis social sucede un gran sueño
Con esta frase empecé mi capítulo “La esperanza: un sueño de un mundo nuevo” del libro colectivo “Esperança después de la COVID-19” editado por la editorial Claret el pasado más de julio. Quería reflejar la realidad en la cual estamos inmersos. Los fundadores y las fundadoras de nuestras congregaciones aparecieron en momentos difíciles y complicados. Su sueño de un mundo mejor se inspiró en Jesús y su evangelio. Cómo decía en un tuit la M. Maria de Mar Albajar, abadesa del monasterio san Benet de Montserrat: “Hay gente que se piensa que a la fuerza se pueden arrebatar los sueños. Pero no es verdad. Hay gente que se piensa que con miedo se puede arrebatar la dignidad. Pero no es verdad. Porque hay gente que sabe qué es soñar de verdad, y ser libre y amar con libertad.” (25 marzo 2018).
Hoy, al acabar el mes de agosto, finalizan oficialmente las vacaciones. Me hace la impresión de vivir el silencio antes del conflicto. Un conflicto que estallará de forma gradual en el mes de septiembre. El contagio no ha menguado y las precauciones se han seguido de manera irregular y displicente. La vuelta en las escuelas se augura incierta y problemática. La pérdida grave de ocupación, la disminución de la actividad económica y laboral, los núcleos crecientes de pobreza y de exclusión… nos pueden llevar a un escenario indeseable. Tres campos significativos de la misión de la vida religiosa (educación, sanidad y obras sociales) se verán aun más profundamente sacudidos, a menudo por intereses espurios. La política y la economía está ignorando cada vez más el bien común. Si antes tres palabras expresaban mis sentimientos, ahora quisiera compartir cinco puntos que pueden reflejar mis aprendizajes sobre temas claves.
Primero, ir a la fuente.
La muerte reciente del obispo claretiano Pere Casaldàliga ha tenido un gran eco en los medios de comunicación. A menudo, las alabanzas que ha recibido han sido una forma sutil de secuestrar la esencia de su vida y de secularizar su figura. El compromiso social y político de Pere Casaldàliga a favor de los pobres y marginados tenía una fuente: Jesús, su evangelio y el Reino de Dios. Silenciar la fuente es distorsionar su aportación. Estrategia bastante habitual en muchos medios. Pasa a menudo cuando se contrapone Iglesia con Caritas. La vida religiosa (y la URC como expresión asociativa) solo tienen sentido si mantienen su vinculación con la fuente. Jesús fue muy explícito: “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. Aquel que está en mí y yo en él, da mucho de fruto, porque sin mí no podéis hacer nada.” (Jn 15,5). El resto es secundario. Nuestras obras sirven de muy poco si nuestra vida espiritual comunitaria y apostólica no está conectada con la fuente. Como los sarmientos a la cepa. Es el tema de la santidad, tal bien recogido en la exhortación Gaudete te Exsultate del papa Francisco. ¡Cuántas religiosas y religiosos pueden ser considerados santos y santas de la puerta del lado! ¡Lo son! ¡Solo hay que abrir los ojos para darse cuenta!
Segundo, la mundanidad espiritual.
Me remito a la homilía del papa Francisco. “La mundanidad espiritual corrompe a la Iglesia” (Horeb 535). Aquí puede naufragar la vida religiosa: “La mundanidad es una propuesta de vida. Algunos piensan que mundanidad es celebrar, vivir de fiesta en fiesta… no, no. Mundanidad puede ser esto, pero no es esto fundamentalmente. La mundanidad es una cultura, una cultura del efímero, una cultura del aparentar, del maquillaje, una cultura “de hoy sí, mañana no; mañana sí y hoy no”. Tiene valores superficiales. Una cultura que no conoce la fidelidad, porque cambia según las circunstancias, todo lo regatea. Esta es la cultura mundana, la cultura de la mundanidad”. El P. Pedro Aguado, superior general de los escolapios, el 1 de mayo escribió una carta a su congregación titulada “Santifícalos en la verdad” (Jn 17, 17). El desafío de la mundanidad” (Horeb 536) en la cual hace una aplicación concreta a la institución que él dirige. Si no hay conciencia real de esta situación, el virus de la mundanidad se inocula de manera imperceptible en los tuétanos de la vida religiosa y la desnaturaliza. ¡Ojo avizor!
Tercero, la supervivencia.
Quizás no de manera global, pero cuanto menos en determinados países, algunas congregaciones, más bien muchas, están entrando o ya están de lleno en una dinámica de la supervivencia. Las defunciones, por un lado, y la carencia de vocaciones, por la otra, están reduciendo drásticamente el número de religiosas o religiosos. Una de las tareas que se ha llevado a cabo ha sido la reestructuración. Cada congregación, con grandes esfuerzos e incluso con procesos de discernimiento bastante elaborados, ha buscado dar respuesta en situaciones menguantes. No sé si ha pesado más de la cuenta la reorganización empresarial por encima de la búsqueda de vitalidad. Será bueno de ir analizando los resultados logrados hasta ahora, para evaluarlos y enderezar los esfuerzos, si hace falta. Es evidente que las reestructuraciones han tenido un impacto real sobre el URC. A veces se corre el peligro que unas congregaciones copien fórmulas a otras, desconociendo las motivaciones hondas que las han impulsado. Existe un criterio que no puede olvidarse nunca. La supervivencia, la reducción e incluso la desaparición se tienen que afrontar siempre desde el propio carisma. Los valores que han servido para vivir a fondo no pueden olvidarse en los procesos de reducción o incluso de muerte, que es cuando logran un significado culminante. Ahora bien, todavía hay un punto más importante. Subo un camino flanqueado por plátanos espléndidos. El hermano que me acompaña me dice: “Este plátano lo cortaron porque había muerto. Pero, en la primavera siguiente, rebrotó de manera vigorosa a partir de sus raíces”. La apariencia no correspondía a unas raíces llenas de vida. ¿Qué pasa si nuestro diagnóstico sobre congregaciones religiosas es desacertado porque no sabemos mirar las raíces? Hay que leer la situación del abad Esteva de la Abadía de Citeaux (Cfr. Ailbe J. Luddy, San Bernardo), torturado por la duda al no recibir ningún novicio durante muchos años y en padecer en el año 1111 una gran mortalidad en su comunidad. “¿Quieres decir que las reformas están de acuerdo con la voluntad de Dios?” La respuesta que recibió fue que tenía que esperar un poco y que su paciencia se vería realmente coronada, como así sucedió. Quizás Jesús nos puede recriminar como a Pedro: “no ves las cosas como Dios, sino como los hombres” (Mt 16,23). San Pablo recuerda: “¡Oh profundidad de la riqueza, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables caminos!” (Rm 11,33) La esperanza teologal, no hay otra respuesta.
Cuarto, la encarnación y la inculturación.
Continúan siendo irrenunciables, tal como afirma el papa Francisco en la exhortación apostólica postsinodal “Estimada Amazonia”: “Todo lo que la Iglesia ofrece tiene que encarnarse de forma original en cada lugar del mundo” (n.º 6). La ampliación de las unidades territoriales de las provincias canónicas exige cambios sustanciales en el liderazgo y la gobernanza, en el acompañamiento y en la animación comunitaria. Los destinos pueden llevar una religiosa o un religioso a un lugar nuevo donde hace falta un cierto conocimiento de la cultura. Si no se tiene en cuenta, la misión puede quedar sesgada y reducida. Cuando se encomienda una misión, se tienen que proporcionar las herramientas para llevarla satisfactoriamente a término. Este fue el objetivo del seminario “La misión pastoral hoy en Cataluña”, muy bien acogido por las personas recién llegadas.
Las tensiones sociopolíticas, que en nuestra sociedad son bastante evidentes, pueden dificultar una inculturación de nuestra propuesta evangélica. Sería triste que en vez de ser una voz profética fuéramos una correa de transmisión. Tenemos que ser respetuosos con los derechos de las personas y de los pueblos, tal como se recoge en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Brota una gran alegría del corazón cuando se ven congregaciones, religiosas y religiosos arraigados, comprometidos e implicados a favor de personas pobres, excluidas, marginadas… Respuestas llenas de fidelidad creativa aquí y ahora a los llamamientos del evangelio y a los carismas fundacionales.
Quinto, la intercongregacionalitat.
La razón de ser de la URC es crear un espacio común de intercambio entre las diferentes congregaciones presentes en Cataluña. El asociacionismo de este tipo va en plena línea conciliar. La participación en las asambleas y en determinadas convocatorias proporciona un conocimiento mutuo, que se va traduciendo en aprecio y colaboración. La intercongregacionaldad es una palabra que suena bastante bien. Aplicarla en la vida práctica tiene sus exigencias y su enriquecimiento. Las reuniones intercomunitarias de congregaciones diferentes fortalecen el sentido eclesial. La época feudal ha pasado. Ahora es momento de redes y de trabajo conjunto. En el campo de la vida espiritual es muy recomendable. Pero no lo es menos en el campo de la misión (entre otro, educación, sanidad y obras sociales). Los tiempos son adversos, pero unos vínculos fuertes y comprometidos facilitan la defensa democrática de unas opciones que merecen todo el respeto y reconocimiento. Los temas anteriores y en especial este pueden crear grandes sinergias si conseguimos implicarnos a fondo en la participación del Forum de la Vida Consagrada. Una gran oportunidad.
Cuando vamos al fondo de la fe y de la vida religiosa, me viene a la memoria un fragmento de Georges Bernanos en “Journal de un curé de campagne”: “¡La palabra de Dios es un fuego candente! Y usted que la enseña, desearía asirla con pinzas, por miedo a quemarse, no la cogería a puñados, ¿verdad?” (…) “Cuando el Señor saca de mí, por azar, una palabra útil a las almas, la conozco en el daño que me hace”.
Lo dejo aquí. Si alguien se pregunta y ahora qué haré, puedo decirle que continúo en el campo de la formación como docente (Facultad de Teología de Cataluña, ISCREB, CEVRE, seminarios, conferencias, recesos…), que sigo también como secretario de la RAP (Reunión de Abades y Provinciales), y como miembro en la misma comunidad en Barcelona. Como novedad, mis superiores me han encomendado la misión de ser secretario provincial de la provincia marista L’Hermitage, que comprende Francia, Cataluña, Grecia, Argelia y Hungría.
Si alguien quiere contactarme por algún motivo ya no lo tiene que hacer a través de los correos electrónicos del URC, sino directamente a: llserrall@gmail.com
El testigo que recibí del hermano Antoni Salat ahora hace doce años, hoy lo paso con alegría y esperanza al P. Llorenç Puig. La carrera continúa. El URC y sus causas lo valen. Deseo de todo corazón a la junta directiva actual presidida por fray Eduard Rey, y a las nuevas incorporaciones que el Espíritu les inspire respuestas nuevas y audaces al servicio de la evangelización desde la vida religiosa. También que encuentren colaboración y acogida en todas las congregaciones presentes en nuestra tierra.
La Virgen de Montserrat, Maria, nuestra buena madre, lleva a Jesús y también una bola del mundo. ¡Ojalá estas dos dimensiones estén muy presentes en cada uno de nosotros y en nuestras instituciones religiosas!
Con toda estima,
Lluís Serra y Llansana,
Hermano marista.
Barcelona, a 31 de agosto de 2020.








