(Maite Valls RJM · 08/07/21) Apenas empezamos el tiempo de verano, tiempo de vacaciones, de descanso, de montaña o de playa para muchos…, y para bastantes de nosotros, tiempos para ir adentro e ir a fondo.
Tiempo para transformar el ritmo trepidante que vivimos durante el curso, en un tiempo más sereno, ¿más de Dios..?
Tiempo para afinar la mirada para poder captar, con otros ojos, la realidad que nos rodea, la realidad que nos vive, como algo que es llamamiento y gozo a la vez.
Tiempo para poder reencontrarnos y re-situar-nos, desde el silencio y la plegaria más intensas, con nosotros mismos, con los otros y con el Dios que nos habita.
Tiempo de silencio y plegaria para poder abrazar al mundo, con más conciencia, con más luz, con más fuerza y más ternura.
En definitiva, un tiempo de parada para poder conectar con la VIDA desde más adentro de nosotros mismos.
El ritmo que vivimos durante el curso, a pesar de ser tiempo de entrega y donación, a menudo nos empuja a correr, a veces, como el hámster que corre y corre en la rueda de su jaula, sin saber muy bien donde va… Este tiempo de receso, de recogimiento, nos ayuda a conectar con la propia brújula interior que nos marca la dirección del horizonte deseado.
Este tiempo de receso nos ayuda a curar las heridas del día a día, nos ayuda a restaurarnos por dentro, y sobre todo nos ayuda a conectar, desde otro nivel más profundo, con el Amor.
El mismo amor que nos enamora cada día en la lucha de la vida, el mismo amor que nos empuja a vivir por los otros, y el mismo amor que nos invita a vivir con más intimidad y con más profundidad desde Él mismo.
Y como dice la canción de Ain Karem «Venid, venid conmigo a un lugar tranquilo»…
Pues así, con la melodía de la canción en el corazón, saboreamos su invitación… “venid, venid conmigo a un lugar tranquilo”…
Buen tiempo de silencio y plegaria!!








