(Susana García del Álamo · 28/07/25) ¿Tiempo de descanso, tiempo de vacaciones? Más bien… tiempo de vacaciones con Dios y con los otros.
San Bernardo decía que “encontramos descanso en aquellos que estimamos, y proporcionamos un lugar de descanso en nosotros mismos para quienes nos estiman”. Y es que el verano no es tan solo un tiempo para descansar físicamente, sino también para pararnos y dejar de hacer cosas. Vamos demasiado atareados como Marta, y no teniendo tiempo a veces ni para pararnos y disfrutar con Dios. El verano y las vacaciones, en general, es una oportunidad para la reflexión y la renovación espiritual.
Es un momento para fortalecer nuestra relación con Dios, con la natura, y las cosas más cotidianas que nos pasan desapercibidas; es un momento para pararnos y pasar más tiempo con la comunidad, con la familia, con los amigos. También Dios descansó después de hacer su creación… Leemos en el libro del Génesis: “Y habiendo acabado el día séptimo la obra que había hecho, descansó el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y Dios bendijo el día séptimo y lo consagró, porque en él descansó de toda la obra que Dios había hecho cuando creó”. Y Dios disfrutó de su creación, porque, como decía San Francisco de Asís: “su creación es la canción de Dios”.
Después del curso que hemos acabado con un eco agridulce por toda la problemática social que vivimos, por todos los conflictos bélicos que estamos sufriendo, por tanta violencia que hay en todo el mundo, en lugares de los que nadie habla, pero dónde está muriendo constantemente inocentes, y al mismo tiempo por tantos hermanos y hermanas nuestras que en silencio están entregando y regalando vida, considero que es justo y necesario que nos regalemos unos días para recargar pilas, para encontrarnos más serenamente con el Padre Bueno que desea reposar en nosotros.
¿Qué hacer durante las vacaciones?
No podemos cerrar nuestros ojos a las realidades que vivimos, pero sí podemos abrirlos para:
- descubrir la belleza de la creación, que habla del amor que Dios nos tiene,
- para escuchar el clamor de la humanidad que desea nuestra solidaridad
- para reconocer, en el baile de las olas del mar, tantas personas que reclaman nuestra ayuda,
- para abrir nuestros oídos para escuchar a nuestros hermanos, nuestros familiares, nuestros amigos, los vecinos que quizás ni conocemos y rogar por sus necesidades;
- para poder pararnos, respirar profundamente y renovar nuestras fuerzas que vienen de Jesús que nos coge de la mano y nos dice que merece la pena arriesgar la vida y estimar;
- para leer la Palabra de Dios de manera sosegada y renovar nuestra esperanza para ser faros de luz y testigos de su Amor allá donde estemos o seamos enviados para continuar siendo misioneros alegres del mensaje de Jesús que en todo nos habla.
- Para ser conscientes del sufrimiento de la humanidad, de la falta de cuidado de la natura, de la falta de paz, de la carencia de ayudas a los niños, de la carencia de manos que se entreguen para ser más Cristos encarnados y arraigados en esta tierra que nos ha sido encomendada.
Descansa en Dios
Por eso, el verano es un tiempo de descanso, ¿tiempo de vacaciones a Dios? Más bien… tiempo de vacaciones con Dios y con los otros. Porque Dios no hace vacaciones, Dios siempre está, Dios nunca descansa. Dios habla en el silencio y en el ruido, Dios, siempre está activo en nosotros y con nosotros. Dios nos espera y nos envía, Dios nos estima por encima de todo y nos envía en medio del mundo también en verano, porque Ellos solo pasa calor en las entrañas de la humanidad que nos espera y nos reclama.
Y recuerda… si haces vacaciones, hazlas con Dios, porque Él es el mejor Amigo con quien puedes compartir, puedes disfrutar, gritar, llorar, descubrir, escuchar, andar, descansar, contemplar … repetirte o cantar las palabras del Salmo: “Descansa solo en Dios, alma mía” porque él es mi esperanza; solo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré. ¡Buen verano con Él y con los otros!








