(Llorenç Puig) Esta cuaresma será bien especial. La hacemos en el marco de una palabra que nos sonaba a lejana o distante en el tiempo: en el marco de una guerra en Europa.
Desgraciadamente hemos vivido varias guerras, terriblemente cruentas, en Europa y sus alrededores: la antigua Yugoslavia, Siria, Líbano, y ahora Ucrania.
Algunas, como las de Siria y las del Líbano, nos parecían lejanas porque pertenecían a lugares de otra cultura, otro continente. Otras, como las de la ex-Yugoslavia, quedan ya remotas en el tiempo: hablamos de los años 90…
Ahora nos toca ver más cerca, en Europa mismo, y en este momento concreto, una nueva guerra. Una guerra fraticida, una invasión injustificada y con todo rodeado de mentiras.
Seguramente con las informaciones y las imágenes que nos llegan nos salen sentimientos de animadversión contra la locura deshumanizada de los que la han iniciado.
Pero quizás hoy, que empezamos la Cuaresma, nos podemos preguntar qué hace que nuestro mundo sea tan violento, que deja heridas que continúan sangrando tantos años, como tantos países que podemos recordar hoy que han sufrido y sufren la violencia.
Quizás hoy, que empezamos este tiempo de conversión, podemos sentir lo mismo que decía Jesús llorando ante una Jerusalén cerrada en sí misma: “¡Cuántas veces he querido reunir tus hijos como una clueca reúne sus pollitos bajo las alas, pero no lo habéis querido!”
Ojalá el “Convertíos y creed en el Evangelio” que sentimos al empezar la Cuaresma nos impulse a iniciar estas semanas un proceso de conversión para sembrar semillas de paz a nuestro alrededor, de justicia y de verdad.
Ojalá el Príncipe de la Paz ilumine estos tiempos oscuros, a través de tantos corazones que se disponen a iniciar un camino de conversión. Nuestro mundo necesita luz, necesita paz. ¿Qué puedo aportar yo?








